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La casa de tortura de José Domingo Cañas, ex “Cuartel Ollagüe”, vista por nuestra Corporación
En junio de 1999, ex prisioneros políticos habían tomado contacto con Teutonio Dos Santos en relación al destino de la casa de José Domingo Cañas, así como en octubre de 1999, con el abogado Contreras, representante de Teotonio Dos Santos. El objetivo fue lograr el acuerdo para el rescate de la casa. A dichas reuniones asistieron vecinos, familiares de las agrupaciones de detenidos desaparecidos y ejecutados, y de las de ex prisioneros políticos, jóvenes del grupo CREA, y miembros de la Corporación Parque por la Paz Villa Grimaldi. Esta serie de reuniones condujo a una reunión más amplia con el SEREMI de Bienes Nacionales, Edmundo Bustos, quien junto al Ministro de la época, Claudio Orrego, comprometió su apoyo para la recuperación de ella.
La visión de Laura Moya, miembro de la Corporación
El departamento de Derechos Humanos del Colegio Médico tomó contacto en diciembre con un grupo de jóvenes estudiantes de enseñanza media que nos visitaron en una de las tantas reuniones de ese mes. Nos contaron que integraban un grupo al que habían puesto por nombre “CREA” y su objetivo era rescatar la memoria de lo ocurrido durante la dictadura militar en la casa de tortura de José Domingo Cañas 1367, a través de una variedad de actividades artísticas que traían detalladas en un anteproyecto. Lo común de ellas era la creación como fuente de vida entrelazando la historia, el presente y el futuro. Traían también antecedentes históricos precisos que revelaban que, junto a vecinos del sector y a ex presos políticos habían investigado seriamente las torturas ocurridas en esa casa. Este grupo de personas se había autodenominado Colectivo de Rescate de la Casa de José Domingo Cañas. Nos cautivaron inmediatamente y decidimos como departamento trabajar junto a ellos.
¿Por qué me encargué de este trabajo? Durante años había evitado recordar lo ocurrido en esa casa. Ni siquiera pasaba frente a ella. Estaba tan cargada de terribles significados para mí. No me atrevía a pararme frente al lugar concreto en que habían torturado hasta la muerte a mi sobrina Lumi Videla Moya el 4 de noviembre de 1974, a un año y días del golpe militar; quizá el día más amargo y angustiante que recuerdo es aquel, cuando me interrumpen la entrevista con un paciente que me relata sus conflictos para entregarme un conflicto mío y propio: a mi sobrina la detuvo la DINA. Impotencia. Angustia que hay que disimular. “Ojalá no la maten”, dijo mi hermano. Para eso se moviliza toda la familia: recurso de amparo… y quien nos ampara a nosotros… sobre todo a su hijo de cuatro años. Hay que esconderlo. Su padre también ha sido detenido. Sabemos de las torturas horrendas a que están siendo sometidos, pero no sabemos dónde. Se filtra el nombre de un comandante de la FACH y luego el de Romo. El cuatro de noviembre, el cadáver de Lumi aparece en los jardines de la embajada de Italia en donde había sido lanzado para implicar a los asilados en ella. Todo eso se me devuelve a la mente tras el pedido de atreverme a enfrentar a esos fantasmas. Cómo negarse, cuando una generación nueva nos invitaba a reconstruir la historia que ellos no vivieron, historia de represión política y sufrimientos de los que nosotros fuimos actores y testigos. Levanté la mano y dije, a mí me interesa responsabilizarme de este trabajo. Desde ese día me incorporé de lleno al Colectivo de Rescate de la Casa de José Domingo Cañas que continuó incorporando a otros grupos de derechos humanos.
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