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Actividades del Colectivo por la Recuperación

Fueron los vecinos los que tomaron la iniciativa para el rescate de esa Casa abandonada, pero llena de historia, leyendas e ideas mágicas de las que ellos fueron testigos clandestinos en ese período horroroso en que fue Casa de Tortura. Muchos de ellos cuentan que junto al movimiento extraño que ocurría en torno a ella con entrada y salida de camionetas C-10 cubiertas por un toldo acelerando para entrar al garaje y hombres armados siempre rápidos y vigilantes, se escuchaba fuerte música como para tapar los gritos de los torturados. De lo que sucedía en su interior nadie se atrevía a preguntar. Los vecinos que colindan con el fondo de la Casa fueron descubriendo que los ruidos que oían como de una familia normal, con niños que ríen y juegan, sonidos de agua de una refrescante piscina, se repetían exactamente iguales todos los días. Eran grabaciones para disimular lo que realmente ocurría en ella, -dicen ahora. Otros vecinos se referían a “la Casa” como –el lugar donde penan- o –la casa donde habitan ánimas. Los menos informados de lo que fue ese período evitaban pasar frente a ella rodeándola por la vereda de enfrente. Algunos de los que sabían que fue Casa de Tortura piensan que las almas de los que allí sufrieron, se hacen presentes y se comunican con ellos.

Poco antes de su destrucción, una familia vecina entró atraída por el misterio que despertaba la Casa y tomaron fotos. En una de ellas aseguran que aparece una persona que no estaba presente con ellos. Pero no todo fue pensar e imaginar. En 1999 se constituyó una Junta de Vecinos con alrededor de cincuenta familias cuyo objetivo era rescatar la Casa para hacer en ella un Centro Cultural de Rescate de la Memoria Histórica.

Tuvo que disolverse para la Municipalidad de Ñuñoa no se cumplían con todos los requisitos exigidos. Quedó un grupo de vecinos siempre activos a los que se sumaron los jóvenes del grupo CREA, familiares de Detenidos Desaparecidos en la casa, sobrevivientes torturados en ella, la Agrupación de Ex Presos Políticos, la Corporación Villa Grimaldi, el Colectivo de Arte “Las historias que podemos contar”, y otros organismos de Derechos Humanos. Se constituyó así el colectivo de Rescate de la Casa de José Domingo Cañas 1367.

El grupo de jóvenes CREA fue el portavoz de los objetivos de este Colectivo y ello se expresó en el anteproyecto de recuperación de la Casa de Tortura José Domingo Cañas, diciembre de 1999.

Desde 1999, el colectivo se reunía semanalmente en casa de alguna vecina para afrontar las múltiples tareas. Las reuniones se fijaron para los días Miércoles, día en que se terminaba con un ritual de encender velas frente a la casa al atardecer, como iluminando el recuerdo de cada uno de los desaparecidos allí y contactarnos mágicamente con ellos. Durante 2000, promovimos conversaciones entre el Gobierno (Bienes Nacionales, Ministerio de Vivienda-SERVIU) y el comerciante Pablo Rochet, con el fin de adquirir la Casa y construir un Centro de Memoria, pero nos enfrentamos a la dificultad de los altos precios con que Rochet avaluaba su propiedad. Un grupo de alumnos de Diseño de un instituto particular de Ñuñoa, realizó un trabajo de investigación sobre la Casa, recuperando los planos y reproduciéndola en una maqueta, para luego presentar el Proyecto Casa Cultural Ollagüe que nos proponíamos desarrollar al momento de recuperarla definitivamente.

Nuestro Colectivo realizó múltiples actividades culturales masivas frente a la Casa, que llamamos “Actos por la memoria y la vida”, con música, poesía, danza y testimonios de sobrevivientes y familiares de las víctimas de la tortura. También realizamos actos para reunir fondos para reconstruir la casa y financiar el Proyecto de Casa Cultural.

Durante el año 2000, la propiedad sigue en disputa. A pesar de múltiples conversaciones entre Rochet y la Directora del SERVIU, encargada por el Gobierno para recuperar la Casa, no hay acuerdo, chocando todas las propuestas con las diferencias de avalúo de las propiedades a permutar o comprar que hicieron ambas partes.

El 18 de noviembre de 2001, planteamos este problema en el Encuentro Internacional sobre Desafíos de los Derechos Humanos para el Siglo XXI. De allí surgió la idea de iniciar gestiones para declarar la Casa Monumento Nacional, lo que significa que sólo el Consejo de Monumentos Nacionales dependiente del MINEDUC puede autorizar intervenciones o modificaciones que se desarrollen en la casa. Aunque el dueño siguiera siendo Rochet, no podría destinarla a fines comerciales. El valor de la tasación se vería reducido lo que facilitaría la compra por parte del Estado. Entregamos todos los antecedentes al Consejo y explicamos nuestros propósitos, encontrando muy buena acogida.

El 27 de diciembre, cuando ya se nos informó que el Consejo trataría el tema el 2 de Enero del 2002 con alta probabilidad de aprobarse la nominación de Monumento Histórico Nacional, la casa es derribada por orden de Rochet. Tal vez él pensó que al no existir la casa no podría haber Monumento Nacional, ignorando que el terreno se podía declarar Sitio Histórico.

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