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El rito de las velas
Todos los miércoles, entre las 19 y 21 hrs. Esperamos que anochezca para encender velas frente al sitio donde estuvo la casa de José Domingo Cañas. Lo hacemos en recuerdo de las compañeras y compañeros que allí torturaron e hicieron desaparecer. Es como un conectarse con ellos. Tras años de encender velas y antorchas, este acto se nos han transformado en un rito que nos ayuda a recordar a nuestros compañeros que allí desaparecieron y a los que fueron ejecutados. Nuestro rito nos ha permitido mantenernos vigentes y ser visibles para las personas que por ahí transitan y nos quieran ubicar. Los miércoles por la noche se ilumina ese lugar donde hubo tanta tristeza.


Permanecemos en grupos vigilando que se mantenga la luz; al mismo tiempo atendemos a preguntas que hace la gente al pasar. Explicamos que mantener estas luces encendidas es como mantener encendido en la memoria el recuerdo de nuestros familiares y compañeros allí desaparecidos por acción de la DINA. Otras veces la gente se acerca para entregarnos sus impresiones e informaciones que guardaban. Muchas veces nos ayudan a encender velas y a las semanas siguientes vuelven con invitados. Así, se han ido uniendo al rito estudiantes de un hogar de carabineros. Son jóvenes que pasaron en el invierno a preguntarnos, por qué hacíamos lo que hacíamos, y qué había pasado allí. Nos ofrecieron volver con un grupo de muchachos que hacen “rap”.


Otra vez conversaron con nosotros, estudiantes de teatro de una escuela del barrio Pedro de Valdivia. Habían pasado varios miércoles previos pero no se atrevían a detenerse. Ese día sin embargo se decidieron a preguntarnos, lo hicieron de manera muy tímida y muy preocupados por no herirnos. Nos ofrecieron incorporar una pieza teatral que debían presentar en su escuela con el tema de los desaparecidos.

Un vecino de un cuarto piso de un edificio ubicado muy cerca de la casa nos contó, después de observarnos por varios miércoles en la velatón, que él, desde la altura veía en parte por ese tiempo, el movimiento al interior de la casa desde el lado poniente. Lo impactaba especialmente el momento de la llegada de camionetas que como carga traían personas amarradas de pies y manos. Se destacaba en la tarea de descarga, una mujer grande y gorda vestida con uniforme de carabinero. Ella agarraba a estos verdaderos bultos humanos del cabello para arrastrarlos al interior de la casa por un boquete abierto en una pared lateral.

El largo proceso de una mujer para llegar a la verdad
Un día pasó una mujer mayor, bien vestida y de modales francos. Se incorpora a nuestro grupo para encender velas. Se mantiene atenta y como con ganas de decirnos algo. Le preguntamos como le preguntamos a todos, qué la hace acercarse a nosotros. Nos observa con alguna desconfianza, pero la supera; entonces empieza a decirnos de todo lo que a ella le hacía convercerse de la verdad sobre los detenidos desaparecidos. Estuvo muchos años bajo la influencia de los medios de comunicación de la dictadura, nos cuenta. “Es que era más fácil creerles que poner en duda sus afirmaciones que justificaban el golpe militar”. Su esposo también se abstenía de opinar hasta que llegó el año 1988, y el plebiscito del SÍ a la continuación de Pinochet en el poder, o del NO, para que terminara el gobierno dictatorial. Fue entonces su propio esposo quien la invitó al mitín del Parque O'Higgins y a comprometerse por la lucha contra la dictadura. “No era tarde todavía, había muchas cosas por hacer e hicimos todas las que pudimos”.
Hay especialmente un grupo de estudiantes de la Facultad de Ciencias que después de saber por nosotros lo que sucedió en este lugar, asisten los miércoles a encender velas. Una estudiante de arquitectura, pasó una noche de miércoles y, tras conversar con nosotros, decidió presentar un proyecto de reconstrucción de la casa en su escuela, y lo hizo. El suyo es uno de los dos proyectos que hemos considerado factibles para realizarse en este terreno que ahora es Monumento Nacional, y aparece en las páginas finales de este libro. La ahora arquitecta, trabaja en el presente con nosotros. Se destaca también una pareja que sagradamente acude a encender velas todos los miércoles por encargo de una hermana de la mujer quien vive en Europa y es una de las luchadoras de la resistencia que estuvo secuestrada en la casa de horror de José Domingo Cañas.


Es mucha la gente que de una u otra manera se integra al quehacer de nuestros Colectivo a raíz del rito de velas encendidas, pero hay también mucha gente que pasa en frente nuestro sin detenerse. Es gente que a pesar de continuar su camino aprueban nuestro rito y en contadas veces lo rechazan, pero a pesar de su prisa jamás permanecen indiferentes; y eso es un logro.




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