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LONDRES 38 ABRE DEBATE SOBRE LA MEMORIA HISTORICA

El caso del ex centro de torturas de la DINA obliga a la reflexión sobre la memoria histórica en Chile, resultando útil seguir mirar el ejemplo de Alemania, un país donde se ha aprendido a convivir con el pasado
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Todo indica que la mejor solución para rescatar la casa ubicada en Londres 38 de las manos de sus actuales dueños es que el gobierno decida comprar la propiedad declarada monumento histórico, pues si el Instituto O'Higginiano insiste en venderla, como lo intenta con un fracasado remate, el Estado tiene la primera prioridad en adquirirla.

El paso siguiente es que el ministerio de Bienes Nacionales la entregue en comodato a las organizaciones de familiares de las víctimas de la dictadura y sobrevivientes, para que hagan del ex centro de tortura de la DINA un lugar de la memoria histórica.

Esta es la vía más directa para rescatar la residencia situada en el centro de Santiago, sugerida incluso por autoridades de gobierno. El vocero del Ejecutivo, Osvaldo Puccio, fue el primero en hablar del asunto y dijo que “es un tema que vamos a ver con seriedad y se está estudiando. Hay plazos legales, hay condiciones que establece la ley que tendrán que cumplirse”. Los argumentos son que se trata de “una propiedad resguardada porque tiene un valor muy importante para Chile, para su memoria, para testimonio de las nuevas generaciones sobre cosas atroces que pasaron en este país y que no queremos nunca más se repitan”.

Sobre los 250 millones de pesos que pide por la casa el ex vicecomandante en jefe del Ejército de Pinochet, general (R) Washington Carrasco, presidente del instituto de clara raigambre militar, los organismos de DD.HH. estiman que es una cifra que “se podría discutir”.

Lo anterior, porque la residencia no le costó a este instituto ni un peso, pues en 1978 la recibió gratis por decreto de Pinochet y su ministro del Interior Sergio Fernández, luego de confiscársela al Partido Socialista.

Alemania, cuestión de fondo

Pero algunos consideran que, detrás de este conflicto, hay una cuestión más de fondo. Y se preguntan ¿qué es la memoria histórica de un pueblo? ¿Es posible construirla sin quedar atrapado en el tiempo del dolor y la tragedia? ¿Es necesario seguir recordando tanto crimen, o más vale olvidar para siempre y perdonar a los criminales, aunque sea mediante una amnistía? ¿Cómo se une la memoria histórica con el desarrollo de una nación, su presente y futuro?

Estudiosos de la compleja materia recomiendan mirar hacia Alemania. Ese es el país considerado modelo en este ámbito, a pesar de que también vivió períodos de negación y ocultamiento, sobre todo en la primera época después del fin del nazismo en 1945.

Sin embargo, especialmente después de la reunificación tras la caída del muro de Berlín en 1989, Alemania fue encontrando el camino para resguardar la memoria de la historia, para que nadie nunca olvide la tragedia y se aprenda a vivir con ella.

Y que se sepa, Alemania no es un país que se hundió en la miseria, ni humana ni material, ni valórica, por fundar el concepto del Verarbeitung der vergangenheit: la elaboración del pasado en relación al presente y futuro.

Holocausto, 1980

Las dos Alemania se remecieron cuando, treinta y cinco años después del fin de la guerra, se exhibió en 1980 el film estadounidense “Holocausto”. Los hijos preguntaron a sus padres por qué les habían ocultado la verdad de las masacres. Se debatió intensamente, y al final los alemanes sintieron que eran más culpables, pero a la vez más conocedores de la verdad. También pudieron mirar a los ojos a la generación engañada, y a sus vecinos, Francia, Bélgica, Holanda, los países del este, e incluso a soviéticos, ingleses e italianos.

Treinta y cinco años después del film “Holocausto”, las Alemania seguían, o tal vez recién entraban en el espacio desde donde se podía construir la memoria histórica de una manera sólida, más lejos de la inmediatez del sufrimiento. En el caso de la desaparecida República Democrática Alemana (RDA), su interesada exacerbación del recuerdo “antifacista”, le sirvió para ocultar también a su pueblo el sometimiento mediante un sistema opresor y policial.

Alemania reunificada tuvo éxito en la búsqueda de la elaboración de su pasado trágico, para superarlo definitivamente sin olvidarlo más. No hubo olvido, la primera condición para perdonar. Respecto a la justicia, si bien la Alemania post guerra fue débil en alcanzarla y por muchas décadas asesinos y sus cómplices se pasearon por las calles, varios ocultos en una nueva identidad, al menos existió el juicio de Nüremberg.

Sesenta años después del nazismo, Alemania está llena de monumentos, lugares, museos, archivos (incluyendo los de la Stasi, la ex policía secreta de la RDA), centros de estudio, recordatorios, fechas y cada vez más obras de teatro y películas en honor a la memoria histórica de ese pueblo. Aunque ese mismo pueblo y su iglesia, especialmente la católica, brindaron todo su respaldo al Führer, y con ello facilitaron la instauración del terror y el exterminio de millones de personas.

De regreso

Volviendo a Chile, se aprecia que, de Alemania, hay mucho que aprender. La diferencia, tal vez, es que recién la dictadura de Pinochet terminó hace quince años, y el dictador y sus servidores aún viven, algunos de ellos blindados de fuero y activos en la política nacional, y se mantiene la herencia de leyes como aquel curioso sistema electoral donde muchas veces ganan quienes tienen menos votos.

Por otro lado, a pesar de los juicios que se instruyen contra los culpables de las violaciones a los derechos humanos, todavía dentro de algunas instituciones se oculta información, se protege a los asesinos, y se presiona a jueces y policías para que favorezcan a los imputados.

Por ello, quienes comienzan a hablar de construir memoria histórica en Chile, aparecen como pájaros raros, provocadores, resentidos y activistas ideológicos malditos, que atentan en contra de una reconciliación, que, como se ve, está muy lejos de alcanzarse. La sangre aún está tibia, lo que no puede impedir que la memoria histórica chilena se construya, paso a paso, hasta reconciliar al país.

Fuentes de gobierno indican que es posible buscar una solución para que Londres 38 se convierta en uno de aquellos pasos, como lo fue Villa Grimaldi y su Parque de la Memoria.

Jorge Escalante - La Nación 18 de febrero de 2006

 

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