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Una educación de alto nivel no es posible en un país dependiente y atrasado
Nada nuevo han dado los resultados de la evaluación al magisterio. Esperar que un país sumido en el atraso y la dependencia, con un población campesina mayoritariamente analfabeta, pueda darnos maestros de alto nivel académico, es una verdadera aberración.
Un país oprimido por el imperialismo, cuya población es mayoritariamente campesina, y que no ha superado formas típicamente semifeudales de explotación de la tierra, solo puede dar de su seno maestros que corresponden a su propia situación económico social.
El maestro rural es quechua o aymara hablante, y la enseñanza la imparte a un estudiantado que tiene iguales dificultades en el aprendizaje, por razones de idioma. Esta es la realidad que debe tenerse en cuenta para explicar, en parte, la situación de la educación en el país, en lugar de hacer reproches y lanzar condenas irresponsables contra el magisterio.
El maestro es producto de nuestra propia realidad, una realidad que hace tiempo exige cambios de fondo, de carácter estructural. NO se produce un desarrollo económico y seguimos como país tercermundista, nuestros maestros también son "tercermundista". Nuestro país está retratado en su magisterio.
Atención especial debe merecer el maestro rural. El profesor de las más alejadas comunidades, está desprovisto de los elementos e instrumentos más elementales para impartir una enseñanza eficiente. A esto se agrega un sueldo diminuto, que lo obliga a realizar labores ajenas al magisterio para poder subsistir.
La evaluación no debe servir para hacer depuraciones que ha nada conducirían. Hace tiempo que sabemos cómo es nuestro magisterio. Lo que tenemos que aceptar y decir es que la causa está en la realidad del propio país. ¿Y quienes son responsables de esta realidad? Un país que sigue sometido a la dominación imperialistas, con una burguesía intermediaria, que defiende los intereses de las grandes transnacionales, no está en condiciones de impulsar su desarrollo independiente, económico, cultural ni educativo.
Sobran razones para sustentar que el bajo nivel pedagógico y cultual de nuestros maestros, no tiene como causa alguna deficiencia de sus propias personas (indolencia, raza. etc.) Reiteráramos: son causas que trascienden las aulas escolares y tienen sus raíces en nuestro país, como totalidad. Esta es la base sobre la cual se elabora nuestra cultura en general.
El progreso de nuestros centros de enseñanza, desde la Escuela Primaria hasta la Universidad será el resultado de una cambio completo de la estructura económica, social y política de esta envejecida República, que esta exigiendo cambios radicales.
Adquiere gran actualidad, la advertencia que hizo José Carlos Mariátegui en sus célebres "7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana": "El problema de la enseñanza no puede ser bien comprendido en nuestro tiempo, si no es considerado como un problema económico y como un problema social. El error de muchos reformadores ha estado en su método abstractamente idealista, en su doctrina exclusivamente pedagógica. Sus proyectos han ignorado el íntimo engranaje que hay entre la economía y la enseñanza y han pretendido modificar esta sin conocer las leyes de aquella".
En conclusión debemos decir que un país económica y socialmente atrasado no puede exigir la presencia de una docencia de alta calidad pedagógica, académica y cultural, en ninguno de sus niveles. Este es un axioma que tiene especial validez y fuerza en las bastas zonas rurales de nuestro país. Y es allí donde hay que poner mayor atención para resolver los problemas de la escuela y el maestro, ahora que se habla de sierra exportadora.
El maestro debe recibir capacitación permanente, teniendo en cuenta las grandes diferencias de orden geográfico, étnico y de otra índole que existe en el país. Hay que tener en cuenta, en primer lugar al niño de nuestras diferentes etnias.
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