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Tras los espejos

Por: Juan Pablo Pozo Rondón
11 de julio de 2008

Es cosa de abrir un poco más los ojos y el verdadero rostro de Chile aparece sin maquillaje, en todas las esquinas, en todos los barrios.

En el libro de los seres imaginarios, escrito por Jorge Luís Borges hay una leyenda que cuenta cómo hace miles de años, el emperador amarillo habría luchado contra demonios y otros seres poco racionales y los habría confinado a vivir en un mundo paralelo tras los espejos. Según la leyenda, la imagen que vemos en ellos no somos nosotros, sino una de esas criaturas intentando imitarnos hasta en el más mínimo detalle. También dice que llegará el día en que un rumor de armas y ejércitos comience a oírse desde el otro lado, ese día las criaturas vendrán a saldar cuentas con la humanidad.

En el Chile de hoy nuestro espejo son los medios de comunicación, en ellos nuestra imagen aparece retratada a conveniencia de oscuros intereses que intentan imitar la realidad distorsionándola, acercándose a la imagen que tenemos de nosotros mismos pero, dejando fuera el verdadero rostro de los demonios que nos circundan, las criaturas irracionales que engendra un sistema injusto, criaturas como la falta de oportunidades, la marginalidad, la desesperanza, la injusticia.

Ayer, en Maipú, un joven murió aplastado por una roca mientras trabajaba en la construcción de un ducto, engrosando la ya larga lista de trabajadores muertos por falta de seguridad. Según se informó, el joven trabajaba para pagar sus estudios, algo que en Chile nos parece ya de lo más normal y que además es ensalzado como un logro del sistema, "al que quiere celeste, que le cueste", suelen decir algunos. Se nos fue olvidando en todos estos años que la educación es un derecho, un esfuerzo y una inversión que un país hace para su propio bienestar y proyección, que al entregarle a un joven la oportunidad de estudiar, el pais avanza y al negarsela muchos caen en la desesperanza, en la drogadicción en la delincuencia con la que nos aterrorizan a diario por la televisión.

Hace un mes el colegio de periodistas pidió perdón a los familiares de los 119 detenidos desaparecidos asesinados en la operación Colombo, estas disculpas con más de treinta años de retraso, fueron presentadas por la participación de algunos periodistas en el montaje internacional que incluyó la creación de periódicos ficticios, para el encubrimiento de la verdad y la difusión de una mentira infame: que se habían matado entre ellos.

A pesar de la tardanza, se valora el gesto pero, inevitablemente nace la pregunta de cuando pedirán disculpas por los montajes mediáticos en contra del actual movimiento social, de las mentiras y manipulaciones que día a día tenemos que ver en televisión y en medios de prensa escritos, ¿Tendrán que pasar otros treinta años para que sepamos la verdad sobre el movimiento estudiantil que hoy se criminaliza por televisión? ¿Tendremos que esperar tanto para saber que los jóvenes están luchando para que no mueran otros como el trabajador de Maipú?, ¿Tanto tiempo para desbaratar operaciones perversas de comunicación, destinadas a neutralizar el movimiento?, Tanto tiempo, ¿Para qué?, si es cosa de abrir un poco más los ojos y el verdadero rostro de Chile aparece sin maquillaje, en todas las esquinas, en todos los barrios. Es cosa de leer entre líneas y aparece, ahí está siempre, tras lo que te dicen en la tele, en los diarios, se filtra, se deja ver. En Internet miles de páginas independientes muestran el otro lado de la noticia, el otro lado del espejo, solo los incautos o quienes prefieren no ver, no ven, quienes prefieren no oír, no oyen. Hay un rumor que crece tras los espejos.