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Esta nota va en especial para quienes fuimos amigos del rucio Fernández y el Pelao Alcayaga

Noviembre de 2008

El 17 de septiembre de 1973 la Empresa Elecmetal, después  de estar dos años en manos de sus trabajadores retornó a control del grupo Ross y Claro con la nominación de un directorio de empresa compuesto por Ricardo Claro Valdez, Fernán Gazmuri Plaza, Danilo Garafulic, Gustavo Ross Ossa, Raúl Briones y el delegado Oficial de los Golpistas Patricio Altamirano.

Durante el último año de la UP la empresa había aumentado casi en un 50% la producción destinada especialmente a la Gran Minería y había resuelto todos los problemas de programación y abastecimiento. Había sido un esfuerzo admirable y en las más difíciles condiciones, pero se había logrado, como expresión de solidaridad de clase y de esperanzas con un Gobierno que se sentía como propio. Los trabajadores de Elecmetal así mismo habían participado decisivamente en la creación de una feria de abastecimiento popular con apoyo de DINAC, y sus dirigentes lideraban la movilización de obreros y empleados en las industrias de esa zona de Santiago.

El grupo empresarial dirigido por el Delegado Oficial de los Golpistas como primera medida al ingresar a la fábrica ese 17 de Septiembre separó del colectivo, que se agrupaba en una fila, a seis de los trabajadores presentes en el recinto, algunos dirigentes de la empresa y otros del cordón Vicuña Mackenna, y después de retener  a Fernández en la oficina de Gerencia para evitar su diálogo con los restantes miembros del sindicato de modo de impedirles toda evaluación de la situación, los entregó a un piquete llamado al efecto, compuesto por efectivos del Ejercito y Carabineros. En esas llamadas, que daban instrucciones según testimonio de sobrevivientes, jugaba un papel central Ricardo Claro.

Los trabajadores  retenidos eran José Devia Devia, José Maldonado. Augusto Alcayaga, Miguel y Juan Fernández Cuevas y Guillermo Flores. Recordamos particularmente a Juan Fernández, joven dirigente del cordón  Vicuña Mackenna y militante socialista, quien había tenido un hijo esa misma semana; a Augusto Alcayaga, dirigente del partido Radical e imbuido en las ideas de respeto a la ley por parte de las Fuerzas Armadas y su lealtad a la Constitución y a la democracia, quien elocuentemente proclamaba esa visión; y a otros tres dirigentes del sindicato, jóvenes de edad pero líderes maduros y entregados a la causa de lograr justicia social en Chile.

Todos ellos fueron asesinados brutalmente en los minutos siguientes y repartidos posteriormente en diversas calles de Santiago. Sus cuerpos presentaban feroces golpes y múltiples impactos de bala.

La entrega de estas personas al personal que iba a ejecutar "la tarea sucia" fue realizada directamente por el directorio de la empresa. Es más el golpista Patricio Altamirano personalmente retiene en su oficina a Juan Fernández Cuevas y lo entrega a sus ejecutores. Los demás dirigentes son detenidos al interior de Elecmetal, al no escapar por sus muros, y son sacados en un vehículo de carabineros y otro dispuesto por la misma empresa.

Son horas de recuerdo, ahora que Ricardo Claro muere en la paz de su soledad espiritual y humana. El Congreso chileno le ha guardado un minuto de silencio en reconocimiento a su labor por este país.

RK