DESAGRAVIO A BOLÍVAR
“A la atrofia de la veracidad discursiva se agrega el agotamiento
progresivo de los dos discursos estratégicos del Presidente:
el bolivariano… porque no ofrece ya nuevos horizontes
al nivel interno del país”
Heinz Dieterich
Estamos avisados. En un reciente artículo el último dinosaurio europeísta, Heinz Dieterich, viene a enseñarnos que “Bolívar”, al contrario de lo que pensaron Martí, Sandino, el Che y todos los más destacados pensadores revolucionarios nuestro americanos, “no tiene nada que ofrecer”, al menos (por suerte que sólo ahí), en Venezuela.
Ciertamente, esto es solo una de muchas perlas que este nuevo papa “científico” (como tanto le gusta repetir) nos ofrece en su artículo. El cual, muy esencialmente, se trata de desahuciar sin apelación el gobierno revolucionario del presidente Chávez y su pueblo, sino hacen lo que el nuevo papa tan pedante y autoritariamente dice. Ya antes había hecho lo propio con el del Presidente Morales en Bolivia, y es casi seguro, que pronto le llegará el turno al Presidente Correa. Como es obvio, ha encontrado algunos difusores (siempre minúsculos e impotentes políticamente) entre todos los que han entrado en depresión por el revés plebiscitario reciente de la Revolución en Venezuela.
La fórmula de sus análisis es fácil. Aunque no lo dice (pues eso le significaría sincerarse y le haría más difícil sorprender incautos), él espera la “dictadura del proletariado”. Apegado a la versión más burda y pobre del europeísmo marxista moderno: sí, esa que habla de que el marxismo seria una “ciencia objetiva”, inapelable (cabe preguntarse, si cuando Engels y marx celebraban la guerra imperial de EE.UU. contra México (“los holgazanes mexicanos”, fueron sus palabras textuales) y decían que debíamos estar agradecidos por que un “imperio pujante” nos “civilizara”, era una “verdad científica”. Neue Rheinische Zeitung, 15 de febrero de 1849, y Deutsche-Brusseler Zeitung, 23 de enero de 1848. O si era una verdad científica cuando Marx señaló que los latinoamericanos éramos “incapaces de un esfuerzo sostenido” (Bolívar y Aponte. La nueva enciclopedia americana. Tomo III. Enero. 1858). Apegado a esa versión pobre del marxismo, todo lo que no encaja en ella (y, para dolor de su alma, casi nada, y casi nunca, en Nuestra América encaja en ella) es puro “error”, pura “falta de ciencia” y puro presagio de derrota.
Sería largo y no vale la pena (dada su “objetiva” –para usar la palabra que tanto le gusta- miniscúlidad e impotencia política, que es lo mismo que decir su incapacidad de entender o querer entender a los pueblos nuestro americanos) referir paso a paso sus artículos, mezcla de discurso autoritario científico, datos económicos escogidos y sacados de un contexto integral, interpretados sofísticamente (como cuando nos habla del desabastecimiento de alimentos en Venezuela, nos da las cifras de los alimentos puestos en el mercado por el Gobierno y luego la compara, sin más ni más, con el “total” de alimentos que consume Venezuela, pasando de contrabando el supuesto de que la falta de alimentos sería del total, y entonces, claro, toda medida del gobierno es “pobre”, es “ineficiente”. ¿Puede haber mayor ejemplo de lo que es la “radicalidad pobre y fácil”, ajena a la realidad concreta? ¿Y no resulta irónico que él mismo, después de estos amaños sofísticos, esta falta de seriedad evidente e infraganti, impresione a incautos hablando de “ciencia” y de “falta de veracidad” del Presidente Chávez? ¿Y no es revelador de la misma matriz autoritaria moderna que este “revolucionario” venga a coincidir plenamente con los neoliberales rabiosos en su majadera advertencia de que la “ciencia económica” se impone, como una ley, a la libre “voluntad política” de los pueblos?), y arrogancia al más puro estilo soviético (no en vano, recientemente, nos deleitó con una entrevista al último presidente de la RDA, llamada por él “socialista”, como la llaman también los imperialistas, justamente, para desprestigiar la legítima idea socialista ante las mayorías identificándola con esa experiencia fracasada y desacreditada de capitalismo de Estado). No, no vale la pena.
Otra cosa, es debatir los problemas y posibles horizontes de la lucha en venezuela y Nuestra América, eso lo hacemos (sin permiso y sin el gusto del señor Dieterich, claro, que es lo mismo que decir “sin ciencia”, o sea, como “los holgazanes” incivilizados que siempre hemos sido, pues). Y lo hacemos con el pueblo, a su ritmo y en su contexto real. Lo hacemos dentro del pueblo. No en el radicalismo fácil, pobre y falto de seriedad. No en la vereda del frente, en la de los “profesionales de la inteligencia”, que mientras los pueblos encontrarían el camino de la fe, ellos no (como los llamó y profetizó Carlos Mariátegui, a cuyas ideas, otro señor “marxista científico”, tildó de “ideas del socialismo pequeño burgués, una versión especial del populismo adaptada a Rusia” (Vladimiro Miroshevski. El “populismo” de Mariátegui en el Perú, papel de Mariátegui en la historia del pensamiento social latinoamericano. Revista cubana “Dialéctica”. Mayo-Junio de 1942). Y es revelador que ese otro “marxista científico” hablara de “populismo” adaptado a Perú, es decir, de una realidad propia de Rusia para nombrar la realidad Nuestro americana. Tal como la hace este nuevo “marxista científico” que habla en su artículo sobre Venezuela al hablar del “termidor” (?) venezolano.
Sigue así, seguramente en forma inconciente (sí, parece que su mentada “ciencia” no lo libra de la cultura), la larga tradición epistemológica de los los conquistadores genocidas europeos, quienes llegados a América, trajeron su profunda matriz cultural con ellos en sus alforjas para re nombrar a esta nueva realidad con sus nombres y “hacerla encajar” en “su” orden y concepción del mundo. El sacerdote jesuita español José de Acosta, precursor del naturalismo en la región de Perú en época de la colonia, en su “Historia natural y moral de las Indias” de 1590, se pregunta: “Cómo sea posible haber en las Indias animales que no hay en otra parte del mundo”. La paradoja de que aquella zoología única fuera nombrada con nombres ajenos e impuestos, la constata en carta al rey de España: “A muchas destas cosas de Indias, los primeros españoles les pusieron nombres de España”. No sólo los españoles, el admirable Voltaire, adalid del principio democrático de la tolerancia, imbuido de la potestad cultural civilizatoria europea para nombrar lo nuevo desde lo ya existente, afirmara que “los leones de América son calvos”.
Nombrar las cosas es un primer y fundante acto teórico que habrá de inaugurar la permanente tensión entre un pensamiento venido o tomado de la matriz cultural hegemónica europea –y más tarde norteamericana-, o de uno gestado en la propia región, con ese aporte foráneo, sí, pero para la creación de nuevas respuestas reflexivas propias. El mismo Acosta es uno de los primeros en expresar esta tensión teórica cultural en el campo de las ciencias: 'Quien por esta vía de poner sólo diferencias accidentales pretendiere salvar la propagación de los animales de Indias, y reducirlos a las de Europa, tomará carga, que mal podrá salir con ella. Porque si hemos de juzgar a las especies de los animales por sus propiedades, son tan diversas que quererlas reducir a especies conocidas de Europa, será llamar al huevo, castaña' (Op. Cit. Libro 4º. Cap.36). Bien haría este nuevo “conquistador europeo” en reflexionar sobre la advertencia de Acosta.
En fin, no vale la pena ahondar aquí en los detalles de los artículos, eso, como dijimos, ya lo venimos haciendo, donde y como se debe, como nos toca. Sólo queremos aprovechar la ocasión para sacar algo útil y éticamente necesario, oponer el genio de Bolívar a este último dinosaurio europeísta, para seguir alimentando el proceso de revolución cultural, descolonial, que vienen empujando desde la misma llegada de los saqueadores españoles, nuestros pueblos.
La sentencia de Dieterich de que el pensamiento de Bolívar no tiene ya nada que aportar (al menos, en Venezuela), no puede entenderse sin reconocerla como una muestra más de una larga tradición “izquierdista” europea moderna, racista y negadora de la legitimidad de otras culturas y luchas en el mundo. De ella son parte (aunque empieza muy atrás e incluye a Hegel, Humboldt y muchos más) Carlos Marx y Federico Engels.
Es irónico y muy revelador que Marx mismo haya calumniado malamente a Bolívar (Carta a Federico Engels. 14 de febrero. 1858) y lo haya tratado con comentarios de una supuesta “superioridad” “decisiva” de los europeos que lucharon bajo las órdenes del Libertador, señalando que Bolívar “…como la mayoría de sus compatriotas, era incapaz de todo esfuerzo de largo aliento…”. Que las victorias patriotas se debían a “Los oficiales extranjeros le aconsejaron” y a que “las tropas extranjeras, compuestas fundamentalmente por ingleses, decidieron el destino de Nueva Granada merced a las victorias sucesivas alcanzadas”. Y agregando que, “si Bolívar hubiese avanzado con resolución, sus solas tropas europeas habrían bastado para aniquilar a los españoles… su legión extranjera, más temida por los españoles que un número diez veces mayor de colombianos”, “…los pocos éxitos alcanzados por el cuerpo de ejército se debieron íntegramente a los oficiales británicos, y en particular al coronel Sands” (Bolívar y Aponte. La nueva enciclopedia americana. Tomo III. Enero. 1858).
El Che Guevara, en 1960, calificará los escritos de Marx y Engels sobre Bolívar y los mexicanos como “objeciones” que podían “hacerle los latinoamericanos”, y como “inadmisibles” “ciertas teorías de las razas y nacionalidades” manifestadas en ellos, al tiempo que reafirmaba su plena adscripción al genio intelectual y el rol histórico del marxismo como necesario instrumento de transformación revolucionaria (Notas para el estudio de la ideología de la Revolución cubana. 1960)
Algo ha avanzado Dieterich, que sólo lo declaró obsoleto en Venezuela.
Como Marx, estudia mucho pero no entiende nada de América Latina, y claramente tampoco de Bolívar. Señor Dieterich, sería largo explicarle cuánto de vigente hay todavía y por hacer del bolivarianismo en Venezuela y Nuestra América, empezando solo por la Unidad Latinoamericana antiimperialista, que nos está lejos y llena de obstáculos todavía. Además, usted no quiere entenderlo, ya sabe más que nosotros.
Sería largo mostrar todo el andamiaje ideológico, la matriz negadora y autoritaria que subyace a esta declaración. Y eso sí vale la pena para formar cuadros y pueblos revolucionarios. Por ello y para ello, agregamos como adjunto a esta nota un artículo que introduce al pensamiento de Bolívar y a esta imposibilidad epistemológica, este bloqueo cognitivo de todo el europeísmo, incluido el marximo pobre, para entender y, por tanto, incidir en los pueblos, en las mayorías, en Nuestra América. Si algo muestra y enseña el caso de este señor, es que más que nunca debemos estudiar y aplicar este conocimiento propio.
Felizmente, nuestros pueblos siguen porfiadamente haciendo su propio camino, y si nos equivocamos, será “nuestro” error al menos. Ya llevamos dos décadas pagando los errores de creerles a ustedes los supuestos “universalismos”, la versión izquierdista europea de la “globalización neoliberal”. Ambas tienen en común un contrabando, pasan una realidad y un conocimiento particular, de una pequeña parte del planeta: Europa, como si fuere “universal”. Claro lo han hecho desde el poder, pero eso, el poder, no sólo político, económico y militar, sino “mental”, “cultural”, es lo que ahora estamos rompiendo. Respetamos, sin ninguna duda, porque es parte de nuestra matriz epistemológica Nuestra Americana (diversa, respetuosa), su manera cultural e ideológica de mirar y de mirarnos, pero rechazamos su pedantería, su supuesta “cientificidad”, y su arrogancia autoritaria. Después de 500 años, tal vez nos lo hayamos ganado, no?
Finalmente, volvamos a lo nuestro, recordemos a Bolívar que, paradojalmente, el mismo Dieterich, lo vuelve más vigente y más necesario que nunca. Recordemos que un complejo y colosal conjunto de procesos adversos terminaron por derrotar su esfuerzo en su primera y original batalla por hacer “libre, una, y justa” a la América para “equilibrar el universo”. “…tal vez, he edificado sobre arena movediza y arado en el mar… Los tres más grandes majaderos del mundo hemos sido: Jesucristo, Don Quijote y yo” (Bolívar. 1830). Más aún, lo lapidaron incesantes y rabiosos con toda clase de calumnias hasta cubrirlo de una “leyenda negra”. “Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que me es más sagrado, mi reputación y mi amor a la libertad. He sido víctima de mis perseguidores que me han conducido a las puertas del sepulcro, yo los perdono” (Testamento de Bolívar. 1830).
Uno de los más fuertes elementos de esa primera y transitoria derrota era, precisamente, la matriz colonial que quedaba arraigada todavía en las mentes, en los “corazones”, en los “espíritus”. España sería reemplazada en ellos por Inglaterra, por Europa, por los Estados Unidos, por la Unión Soviética. El principal enemigo sería la profunda, muchas veces inconciente, convicción de la propia incapacidad creativa y protagónica. La búsqueda de luces en todos lados, menos en el propio volcán, en la hoguera interior, “los hornos”, como los llamó Martí. Sería una larga y difícil lucha contra si mismos, por encontrarse a si mismos, por creer en si mismos, él ya lo había previsto: “Las reliquias de la dominación española permanecerán largo tiempo antes que lleguemos a anonadarlas; el contagio de despotismo ha impregnado nuestra atmósfera, y ni el fuego de la guerra, ni el especifico de nuestras saludables Leyes han purificado el aire que respiramos. Nuestras manos ya están libres, y todavía nuestros corazones padecen de las dolencias de la servidumbre. El hombre, al perder la libertad, decía Homero, pierde la mitad de su espíritu” (1819).
Recordamos a José Martí: “La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia… el buen gobernante en América no es el que sabe cómo se gobierna el alemán o el francés, sino el que sabe con qué elementos está hecho su país, y cómo puede ir guiándolos en junto… El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país… Las repúblicas han purgado en las tiranías su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos. Gobernante, en un pueblo nuevo, quiere decir creador” (Nuestra América. 1891).
Que los pueblos Nuestro Americanos saben y siguen su propio camino a la liberación integral y plena, rompiendo primero las cadenas de todos los colonialismos culturales, incluso de “izquierda”, a los que con justa razón, casi con naturalidad, con instinto, condenan a la miniscúlidad y la insignificancia de mayorías. Ellos continúan con la sentencia y el programa de Martí: “…Así está Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado aún en la roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies; así está él, calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer está hoy; porque Bolívar tiene que hacer en América todavía!” (Discurso a Bolívar. 18 de octubre. 1883).
CONTRA TODOS LOS COLONIALISMOS CULTURALES, A PENSAR Y HACER LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA NUESTRA AMERICANA !!!!
PORQUE BOLÍVAR TIENE MUCHO QUE HACER TODAVÍA !!!!
HACIA EL TERCER CONGRESO BOLIVARIANO DE QUITO, 24 AL 27 DE FEBRERO DE 2008 !!!!!