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TRAS LA RIDÍCULA DETENCIÓN DE LOS/AS SIETE EN TUMBES
ESTÁ LA PORFIADA ENCRUCIJADA DEL PERÚ
Pablo Cárdenas desde Lima, Perú
Nadie debe llamarse a engaño. Tras la detención ilegal, verdadero secuestro estatal, público e impune, de 7 ciudadanos/as peruanos por el cómico “delito” de haber ejercido su derecho constitucional y humano a participar de un evento internacional político público y manifestado allí su oposición al actual gobierno y su trasnochada y tardía política dogmática neoliberal, no sólo están las ya conocidas debilidades sicológicas del mandatario, de clara tendencia al delirio represivo, ni únicamente las viejas armazones sicosociales mediáticas fujimontesinistas, que al igual que los tránsfugas y otras lacras, este gobierno ha asumido como herencia plenamente vigente.
Además de ello, y sobre todo, está una profunda, histórica e ineludible encrucijada para el país y su futuro.
El crujido estructural
El reciente asesinato de 6 trabajadores agrarios en Cusco, es el último hito en la acumulación de arrastre del descontento de innumerables sectores afectados o excluidos por las políticas del gobierno, más radicales aún que las de sus antecesores Fujimori y Toledo en seguir los dictados neoliberales económicos y políticos de Estados Unidos y los organismos financieros internacionales que controla, casi en total soledad en Sudamérica (salvo la cacareada e indecorosa “buena relación” con su “modelo” chileno, el cual cada vez que puede abusa de la relación y saca provecho espurio del país).
El discurso exitista del gobierno y su frente de derechas, destacando el crecimiento económico sostenido, repetido hasta al cansancio en los medios de comunicación masiva, en combinación con el alza de los precios de los alimentos básicos, parece haber tenido el contraproducente efecto de exacerbar los ánimos de grandes sectores que lo toman como una burla o una prueba de que alguien se está quedando con todo ese dinero que según las cifras oficiales entra por millones cada vez más al país.
Y es que ambos tienen razón. Las cifras macroeconómicas son ciertas, al menos parcialmente. Según cifras oficiales, en promedio, el Producto Interno Bruto (PBI) ha crecido sostenidamente, durante el gobierno Toledo hasta el 4% anual, en el año de García hasta sobre el 6% anual. El problema es lo que no dicen ni publicitan: la calidad del crecimiento, basado fundamentalmente en grandes inversiones extractivas de recursos naturales, intensivas en tecnología, es decir, que no generan empleo. En el mismo período, en promedio, la gran empresa ha generado apenas el 5% del total del empleo, es decir, queda a la propia gente, en su inmensa mayoría, crearse, como pueda, su propio empleo, a través de la microempresa (47% del empleo, 26% en el campo) y la informalidad (el 48% restante).
Y, sobre todo, la distribución de ese crecimiento. Hecho un fetiche intocable de la “inversión extranjera”, se le disminuyen al mínimo los impuestos y normas ambientales y laborales, y se relaja casi hasta la voluntariedad el pago de lo poco que queda por cobrar. Así, la paradoja es que llega más inversión efectivamente, pero no deja ningún beneficio, por el contrario, generalmente empeora la vida de la gente y las comunidades. Por el contrario, las utilidades de esa “inversión” sacadas al exterior, llegaron a la escandalosa cifra de 7.000 millones de dólares el año pasado. Mientras el índice de la bolsa de valores de Lima creció un promedio de 50% en el período, al igual que las utilidades de las grandes empresas, los salarios reales de 4/5 partes de los asalariados han permanecido prácticamente sin variación.
La reforma del Estado que empuja el gobierno, por más que busca presentarse como “modernización y eficiencia”, no puede menos que despertar sospechas, cuando el gobierno sólo sabe hablar de austeridad para el gasto social, el cual llega apenas a un 2% del PBI (cifra que ya alcanzan, por ejemplo, los envíos de remesas al país por parte de los 3 millones de emigrados en el exterior), sin embargo, si encuentra forma de conseguir más de 2.000 millones de dólares para pagar por adelantado (tenía plazo hasta el 2015) deuda externa a países europeos.
Todo ello está a la base de la publicación reciente de encuestas moderadas que muestran un creciente rechazo nacional a esta gestión, superior a la mayoría absoluta de la población; el cual aumenta evidentemente en las regiones, especialmente del sur, donde las protestas han sido casi totales y han contado con público apoyo de las autoridades regionales.
El correlato político
La expresión de esta política económica en el ámbito político no puede ser otra que el autoritarismo, la exclusión y la represión. Mientras a los profesores, pescadores, mineros, agricultores, pequeños comerciantes, comunidades indígenas, estudiantes y movimientos regionales se les aplica con mano de hierro las reformas neoliberales, favoreciendo a las grandes empresas y los poderes fácticos económicos internacionales, en lo político se hace lo mismo con las fuerzas de oposición que no logran ser cooptadas por la ya endémica corrupción que ha hecho de la “compra” de votos en el congreso un descarado ejercicio semipúblico.
Olvidando que la alianza que lo llevó y mantiene en el gobierno (derecha tradicional y fujimontesinista, APRA y apoyo norteamericano), apenas si consiguió los votos necesarios (y ello con la desorientación de sectores tradicionales de la izquierda que, aunque minoritarios, lo favorecieron llamando a votar nulo); más significativo aún, olvidando que el tercio de votos propios conseguidos, lo fue bajo engaño, con promesas electorales de refundación democrática (Asamblea constituyente) y redistribución económica (revisión de contratos a trasnacionales, derechos laborales) que, no sólo no ha cumplido, sino hecho todo lo contrario, se ha permitido acelerar el ritmo de las reformas anti populares, negarse a todo dialogo disidente y empujar leyes sin la oposición (“a caballazo”), con solo medio congreso, desatando la descalificación mediática y la persecución penal de opositores, tanto políticos como sociales, incluyendo dirigentes laborales y congresistas.
Súmese a ello el cambio de actitud en la mayoría de fuerzas opositoras, que ha avanzado en superar las visiones ideológicas sectarias, o puramente sectoriales o localistas (todas de larga tradición en la política peruana), que lo entrampaban hasta ahora, permitiendo las mínimas convergencias nacionales, y podrá comprenderse la extensión y virulencia creciente de la protestas, que alcanzaron en julio pasado a la misma Lima, la fortaleza de esta recalcitrante oligarquía y su gobierno.
La encrucijada
La ya desembozada estrategia del gobierno, la oligarquía limeña y el control totalitario de los medios de comunicación masivos ha sido de inercia, es decir, de aferrarse a la descalificación y represión de las protestas, negando el incontestable descontento social, y atribuyendo lo sucedido a descalificaciones de las mayorías populares (“llamados “perros del hortelano”) o a descabelladas teorías de “injerencia del dinero chavista” o “conspiraciones del comunismo” ya “derrotado por la historia” (lo cual es una ironía si se mira el “macartysmo trasnochado”, y su cacería de brujas al estilo de los cincuentas norteamericanos del siglo pasado, que exhibe el discurso furibundo del presidente y los medios totalitarios de la oligarquía), las cosas inevitablemente han cambiado y no pueden seguir como estaban.
Para bien o para mal, el país enfrenta una encrucijada ineludible. Por un lado, el carácter plural, de convergencia en el respeto de las diferencias; de movilización popular, activa y protagónica; en defensa de los derechos básicos como seres humanos, del medio ambiente, y por la integración latinoamericana; señalan un claro camino social de amplios sectores de la ciudadanía y el pueblo, que se muestran decididos a no aceptar el orden de cosas impuestos por el poder desde Lima. La heterogénea composición de los 7 peruanos/as ridícula e ilegalmente detenidos en Tumbes, tanto en edad como actividad socioprofesional, desde ex presos políticos hasta una joven poeta, así lo muestra.
El monologo autoritario, ofensivo y represivo, que ha cobrado la vida de decenas de personas y afectado a miles con heridas, maltratos, detenciones, y amenazas en lo que va de año y medio de gobierno; la persistencia en una política económica deshumanizada, subordinada a los grandes poderes fácticos trasnacionales e imperiales, que renuncia y combate la soberanía, el desarrollo, el bienestar e inclusión de las mayorías; muestran inequívocamente la senda contraria del gobierno, la oligarquía limeña y el poder fáctico norteamericano, a los que sirve, y sus indecorosos medios de comunicación masivos rebajados a la calidad de propagandistas irresponsables de las más bajas campañas de satanización a opositores.
Tras esta encrucijada histórica del Perú, está un dilema más amplio que recorre, con diversas formas y grados, toda la región: el de una auténtica democracia y gobernanza para la región, frente a la autoridad puramente formal, ya sin legitimidad, ejercida sin y contra las mayorías a las que se supone debe servir, pero a las que de hecho reduce a la categoría de votantes pasivos, objeto de decisiones ajenas, exclusión, conformismo o represión.
Por ello, no es casual la referencia constante del poder y los medios a la supuesta “injerencia chavista”, cuyo máxima expresión es la polémica por la instalación del proyecto de integración ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas, empujado por Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua) en el gobierno regional de Puno, denunciado en todos los medios masivos por el “grave hecho” de “entregar servicios de salud y educación gratuitos a la población” (?).
Ni tampoco que una de las banderas de lucha principales de la oposición sea el rechazo del TLC con Estados Unidos, aprobado por un gobierno y congreso de Toledo ya de salida y sin legitimidad (tenía el 90% de rechazo en la población y sus partidos desaparecieron de la escena política en las últimas elecciones), y que este gobierno empuja casi al borde de la pérdida de la soberanía nacional y a pesar de ser cuestionado por amplios sectores que se verán objetiva y gravemente perjudicados por él.
A pesar de los discursos, las cosas parecen no poder seguir simplemente como antes.
Lo cual vale también para la oposición, cuyos lideres y fuerzas, sociales y políticos, enfrentan también su propia encrucijada, entre avanzar decididos a la convergencia, superando las visiones y prácticas ideologizadas, sectarias y de egoísmos personales y corporativos, o quedar a medio camino, entrampados en ellas, y ser responsables (como hasta ahora) de no lograr plasmar en alternativa política nacional el creciente y virulento descontento. El riesgo de volver a la oposición fragmentada e impotente, a las protestas puramente regionales, que Toledo desde Lima, administró sin problemas, a pesar de ser enormes, incluso con varios estados de sitio, y de tener 90% de rechazo, es inminente.
Y esto es mayor aún para el gobierno y su frente oligárquico de derechas. Medios de comunicación masivos independientes y críticos, como el diario la “Primera”, aparecen, sumándose a innumerables medios locales y virtuales, multiplicando las voces críticas, que se cuelan incluso a través del férreo y persistente control totalitario de los poderes fácticos de la comunicación que apuesta en bloque todavía a descalificar y minimizar la protesta y mover a las mayorías en su contra.
Las protestas crecientes, aunque administrables todavía desde la fortaleza limeña, están llenas de malos presagios para el gobierno y los intereses a los que sirve. Y sus causas, al ser estructurales, no pueden sino llevarlos a “la fuga hacia delante”, la apuesta dudosa del delirio cada vez más represivo y menos legítimo. Y la detención tan públicamente ridícula de los/as siete en Tumbes es sólo la última expresión de ello.
Entre la feroz ceguera del Perú oficial y la porfiada necesidad de refundación estructural, resulta imposible precisar seriamente y con seguridad que tendencia habrá de imponerse, pero sí definir las tendencias y los actores en juego, de cuya actitud y acción dependerá el curso de los acontecimientos y la dirección que se tome en esta acuciante histórica encrucijada.