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Continuación de la Entrevista a Philip Agee

¿Pero en el caso de nuestro país?

Pero en el caso de Ecuador esa fue la realidad en aquellos años.

¡Pero es un nivel altísimo!

Es muy alto y hubo muy poco de lo que pasaba de interés nuestro que no sabíamos, es decir, tuvimos las instituciones y el gobierno tan penetrados que recibíamos información continuamente acerca de lo que estaba pasando. Pero en el caso del golpe contra Arosemena, nosotros no sugerimos, no dimos una orden, ni nada de eso, no dijimos a los generales: “ahora es el momento”. Nada de eso, es decir, se prepara el terreno sabiendo que en el momento dado va a darse un  golpe.

¿Era el general Marcos Gándara Enríquez entonces uno de los de más alto éxito, tras haberlo captado, el que les da ustedes los resultados y termina dando el golpe de Estado?

Nosotros no estuvimos en contra de un golpe contra Arosemena, porque queríamos ver la represión de la izquierda, una cosa que Arosemena se abstuvo de hacer, y también Velasco Ibarra se había abstenido de hacer. De manera que pensamos que una Junta Militar estaría a nuestro favor, es decir, estaría a favor de nuestros intereses, que fue la represión de la izquierda en el país y creo que eso pasó. Yo deje, me fui de Ecuador en diciembre del mismo año 63, y no trabaje más que cinco meses, quizás, cuando la Junta Militar había tomado el poder.

Pero vea usted, fíjese, aparte de que llega la Junta, previo con los días de Arosemena, primero le preguntaría: ¿qué tan molestoso era tener a Arosemena de Presidente para los Estados Unidos?

Pues Arosemena era simpatizante, hasta cierto sentido, con Cuba.

Bueno, viaja a la Unión Soviética, también…

Si, de manera que Arosemena no fue un hombre confiable para los Estados Unidos y acuérdese que en la embajada de Estados Unidos hay bastante gente trabajando en distintas cosas, todo parte de un equipo, y la CIA es una sola parte de eso. Hay oficiales del departamento de Estado, de la Agencia Internacional para el Desarrollo, etc. Y esta otra gente está trabajando en un programa  también que tienen los mismos fines que tiene la CIA, así que no se debe considerar a la CIA como cosa aparte de lo  que es la misión en general.

Reinaldo Varea Donoso: le doy este nombre porque ese señor es el Vicepresidente de la República y es también su agente y recibe sueldo de la CIA.  Por favor, estamos hablando de la segunda autoridad del Estado infiltrada por la CIA. ¿Se dio esos niveles? Reinaldo Varea Donoso terminaría acusado por el Escándalo de la Chatarra, pero, ¿llegaron ustedes tan lejos? Estamos hablando de la segunda autoridad de un país.

Bueno, pero él ya estuvo trabajando con nosotros antes de subir como Vicepresidente. Él estuvo trabajando no sé cuantos años antes, de manera que, simplemente, cuando se convirtió en Vicepresidente continuó lo que había venido haciendo por algunos años.

¿Quiere decir que la CIA puso ese Vicepresidente?

En cierto sentido sí. Habría que revisar esto muy bien, pero según mi memoria, Varea necesitaba el apoyo de Aurelio Dávila Cajas, dirigente del Partido Conservador.

Uno de sus principales agentes…

Sí, él estaba trabajando con nosotros. Y el jefe de la Estación, que era jefe mío, James Noland, arregló para que Dávila Cajas apoyara a Varea Donoso como Vicepresidente y así resultó, pero hay más detalles de eso que no me acuerdo, pero en términos generales eso es lo que pasó.

Hay una oleada de eventos, de atentados, de bombas puestas en las iglesias en Ecuador, de ataques a determinadas instalaciones que usted denomina que eran hechas por bandas Social Cristianas para luego culpar a la izquierda. Mi pregunta es: ¿cuán fácil era penetrar a esas bandas Social Cristianas de jóvenes para, por ejemplo, inventarse hechos tan graves como colocar bombas en las iglesias?

No fue difícil, porque hubo dirigentes Social Cristianos que trabajaban ya con nosotros y nosotros fomentamos la formación y entrenamiento de estas bandas de acciones militantes. Y yo estuve en eso también, y hasta entrené en el campo a un dirigente Social Cristiano en el uso de explosivos y de materiales incendiarios, de manera que nosotros estuvimos fomentando esas acciones y nosotros también financiamos a  las demostraciones, después, no me acuerdo exactamente donde ocurrieron, pero Loja, creo, Cuenca, Guayaquil y Quito, y después de cada acción, cada una de esas bombas, nos asegurábamos de que dejaran atrás propaganda, por ejemplo de URJE (Unión Revolucionaria Juvenil del Ecuador).

¿Que era hecha por ustedes?

Sí, nosotros imprimimos las hojas volantes, pero fueron atribuidas a URJE o al Partido Comunista, no me acuerdo que, y se dejarían detrás cuando hubiera la bomba. Luego nosotros financiamos estas enormes manifestaciones, dando dinero para el alquiler de camiones y de ómnibus y lo demás para concentrar a los campesinos en una manifestación de apoyo a la Iglesia Católica. Y eventualmente el mismo Cardenal, la casa de él, fue bombardeada en Quito, pero él no estuvo. Él estaba en la Curia Arzobispal ese día.

¿Con qué facilidad se logra, en el caso ecuatoriano, intervenir sindicatos, intervenir sedes diplomáticas, teléfonos, activar organizaciones políticas fantasmas? ¿En realidad usted le ve fácil, se le hizo fácil ese momento?

No, no fue difícil. Conocimos a ingenieros en la compañía de teléfonos que cooperaron con nosotros en la intervención de teléfonos. En cuanto al campo sindical, establecimos CEOSL y CEOSL fue afiliado a URIT y a la Confederación Internacional de Sindicatos en Bruselas, todo esto fue una estructura internacional.

Señor Agee, le preguntaba y le decía: ¿qué tan fácil era, por ejemplo, intervenir Sindicatos?

Bueno, la CIA tenía una estructura mundial que tenía organizaciones regionales y luego nacionales. Nosotros establecimos en Ecuador a una organización que se llamaba Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Sindicales Libres, y hay que tener cuidado con esa palabra “libre”, porque muchas organizaciones en la CIA la utilizaban.

El término de “libertad”, “libertario”…

“Democrático”, todo eso. Bueno, nosotros estuvimos financiando esta organización de sindicatos ecuatorianos a través de su Secretario General, si no me acuerdo mal, su subsecretario de Educación, que estuvo con nosotros. Realmente era una creación nuestra, y el fin de estas operaciones era de negar al sindicalismo a la izquierda, por ejemplo la CTE, era la cooperación principal y más fuerte, y habíamos trabajado por años en tratar de fomentar una alternativa a la CTE, y por fin lo hicimos en este CEOLS. Ahora yo no sé hasta qué punto el CEOLS logró poder o influencia. No tengo idea.

En los 70’s, a raíz de su publicación, cambia la dirección de la CEOLS. Pasa a manos del Partido Socialista y en este momento encabeza el Frente Unitario de Trabajadores. Sin duda este movimiento sindical está bastante afectado en América Latina. En el caso de Ecuador no es la excepción y en este instante forman parte de las tres centrales sindicales más grandes: la CEOLS, la FEDOC y la CTE.

Bueno, es más o menos igual.

Usted logra encontrar un campo fácil de abonar para dividir. El hecho de que el ecuatoriano tenga que enfrentar tanta fragmentación, ¿es un país fragmentado, dividido y por lo tanto fácil de dividir sus instituciones?

Bueno, no. Nosotros no quisimos exactamente dividir las organizaciones que apoyaban a los intereses de los Estados Unidos, más bien, intentamos dividir y debilitar a las organizaciones de izquierda que tenían programas revolucionarios que claramente hubieran afectado a nuestros intereses. En cuanto a la división de las organizaciones, por supuesto lo intentamos: llevamos a cabo una guerra psicológica contra las organizaciones de izquierda, quisimos implantar desconfianzas, para que nadie sepa quién era el espía, pero que sí hubo. Y así fomentar la desconfianza, fomentar la división, fomentar las sospechas de uno contra otro, cosas así. Pero eso no hicimos con las fuerzas políticas amigas de nuestros intereses, era solamente por la izquierda.

Usted dice en un momento determinado que cuando se echan la culpa entre comunistas como Pedro Saad y Rafael Echeverría Flores de actos que fueron provocados por la CIA, diciéndoles sus palabras: “Que historia de cobertura más ridícula”. ¿En verdad así eran nuestros dirigentes comunistas, eran permeables, eran factibles de provocar celos, crisis, conflictos por la forma tan engañosa y difícil de llevarse?

Depende del nivel y de la agrupación y de muchos factores. Hicimos lo que era posible, pero todo no era posible, de manera que estuvimos siempre en esa lucha de debilitar a la izquierda y fomentar la represión. Eso fue casi diariamente, y a veces ciertas cosas funcionaban, a veces no funcionaban, pero tuvimos que planificar con buena información. No se puede hacer de forma fría: hay que tener la información y planificar detenidamente lo que se va hacer y como digo, a veces con éxitos, a veces con fracasos.

¿Se aprovechó en buena medida el extremo sectarismo y dogmatismo existente en algunos dirigentes de la izquierda de Ecuador?

Bueno, supimos que existía ya, no tuvimos que fomentar nada de eso, porque hubo problemas en todo el mundo, en aquel tiempo, entre la línea Soviética y la línea China, que resultó una formación de estos movimientos de izquierda revolucionaria, los MIR, en distintos países. De manera que hubo un proceso natural, el que no tuvimos que fomentar, pudimos quizás intentar agudizar una situación que ya existía.

¿Se aprovecharon de esa pugna Chino - Soviética?

Sí.

¿Fomentaron la presencia, por ejemplo, en el caso de Ecuador, del ala pro China para dividir al Partido Comunista?

Sí, hicimos varias operaciones para dividir o para causar decisiones en los partidos.  En ese tiempo hubo realmente un problema entre los Soviéticos y los Chinos, y ese problema real entre ellos también se filtró a dos partidos nacionales por todo el mundo, y eso creo un terreno fértil para nosotros en nuestros esfuerzos por penetrar y dividir y debilitar a esos partidos, y hasta en cierto sentido se puede decir que fue exitoso. Pero todo eso, en medir el grado de éxito, el grado de fracaso, es muy difícil de evaluar, porque la situación está en flujo, está cambiando continuamente, así que para un oficial de la CIA como yo, o para los que estaban trabajando a mi alrededor, nosotros simplemente tuvimos que seguir día tras día tras día en todo esto. Y lo remarcable para mí, lo realmente llamativo, es que pude hacer lo que escribí en el libro: pude hacer todo eso a través de tres años en Ecuador y nadie sabía quien yo era, ni los otros, es decir, pudimos operar con impunidad, sin riesgo alguno. Yo por ejemplo, a fin del mes, en mi carro saldría y en mi chaqueta tendría quizás diez o doce sobres con dinero, cado uno para personas distintas, y tenía que tener mucho cuidado: no dar a “Raúl” el sobre para “Carlos”, etc. De manera que una vez que comencé a escribir el libro mío en los primeros años 70’s, tuve o tomé la decisión de incluir todos los nombres de las personas que estaban metidas en todo esto.

Por lo menos una parte si se sabe, buena parte si se sabe, no sé si todos. Ese sería un punto a discutir. ¿Están todos?

Son todos los que pude recordar, pero después que salió el libro y fue un best seller en tantos países, salió en treinta idiomas, en Londres estuve viviendo en aquel tiempo en Cambridge, al norte de Londres, y me contactaron periodistas de muchos países, incluso de Ecuador, pero lo que querían ellos era denunciar las identidades de la gente de la CIA en sus países, y esto duró varios años, pero yo había conseguido los directorios de muchas embajadas a través de amigos míos en Washington, y ellos me enviaron estos directorios y trabajando con ciertas publicaciones del Departamento de Estado, se pudo identificar a la gente de la CIA, quiero decir, a parte del Departamento de Estado, de lo demás.

Es decir, la gente de la Estación, propiamente…

Nosotros, un grupo de periodistas y yo, éramos bastante gente, que a través de cuatro, cinco años revelamos las identidades de más de mil.

Fíjese que en el Ecuador casi no se conoce de esto.

Bueno, hay que imaginar la embajada, ahí mismo, con, no me acuerdo cuantos pisos, seis o siete, y ahí mismo, en uno de esos pisos, hay gente como yo trabajando diariamente, muchas veces por la noche y fines de semana.

¿Me está diciendo que ahora están haciendo lo mismo?

Yo diría que sí. Lo que tienen que prevenir ahora es la repetición de lo que pasó en Bolivia, porque yo desconozco francamente el grado de efectividad y de organización de las comunidades indígenas en el país, pero ellos eligieron a Morales, en Bolivia, con el apoyo por supuesto de otros, y yo entendí hace unos años que las comunidades indígenas en el Ecuador se habían organizado bastante bien. No tenían organización cuando yo estuve allá, ninguna organización de importancia.

Bueno, hay un levantamiento indígena muy fuerte: el de Carlos Rodríguez Paredes, en la provincia de Chimborazo, pero es solo un levantamiento de tierras, mas no una organización campesina como tal.

No, pero entiendo que envolvió a una buena organización de comunidades indígenas, creo que ha pasado en Cayambe, o con una fuerte presencia en Cayambe y Otavalo quizás. Yo no pude seguir eso a través de los años, pero la clave de cambiar las estructuras políticas, económicas y sociales en un país como Ecuador es la organización y la transición democrática hacia el socialismo. Eso es una cosa que parece raro que yo lo diga, después de hablar de todo eso que estuve haciendo, pero como le dije también, hubo una evolución política mía que duró varios años.
Usted me mencionaba de que en un momento determinado, por ejemplo, lograban emitir comunicados en favor del Cardenal. ¿Es que utilizaron ustedes la fe religiosa del Ecuador para incidir en los hechos y alterar la situación del país? Usted hace, le digo, frecuentes referencias al Cardenal y sus posiciones anticomunistas manifiestas. ¿Utilizaron la fe religiosa del Ecuador?

Que yo me acuerde, no. No tuvimos contacto directo con el Cardenal en ese tiempo, sí tuvimos contactos con sacerdotes que estaban bien ligados a la jerarquía católica en Ecuador. Yo no me acuerdo mucho en este momento, pero creo que escribí sobre eso y pudimos tener alguna influencia a través de dinero, a través de medios, a través de distintos mecanismos.

¿Cómo era la influencia a través de los medios?, ¿cómo es que lograba la CIA llegar tan fácilmente a los medios de comunicación?

Habría que revisar eso también, pero hubo un periodista de importancia en El Comercio, que tenía una columna...

¿Gustavo Alarcón?

No me acuerdo, habría que verlo. Pero de cualquier manera tuvimos varios periodistas que pagamos para publicar nuestros materiales bajo su nombre. Tanto en Quito en El Comercio, como en Guayaquil, así  lo hicimos.

¿Eso es una estrategia común de la CIA?

Es requerido por todo el mundo. Esas son “Operaciones de Medios”, se dice, “Media Operations”.  En aquel tiempo, no me acuerdo, creo que la televisión en Ecuador no existía, llegó quizás después, pero el medio de comunicación más importante, por supuesto, fue la prensa plana, y nosotros tuvimos acceso a todos los diarios importantes, tanto en Guayaquil como en Quito.

Cuando usted escribe “Inside The Company” y evalúa el Ecuador, debió haberse dado cuenta, señor Agee, del desastre que provocó. ¿Se dio cuenta?

¿Del desastre de que tipo?

Político, lo que provocó en mi país. De todo el desastre en el que, en esos tres años, fíjese como se da.

He hablado con ciertos ecuatorianos sobre la reacción. Me han contactado algunos y me han dicho que fue un golpe muy duro para el gobierno de Estados Unidos en Ecuador, pero también hubo, no me acuerdo que, otro tipo de problemas. Pero yo intenté, con ese libro, describir cómo opera la CIA en América Latina, porque lo que yo escribí sobre Ecuador o sobre Uruguay o sobre México, esas operaciones fueron típicas en toda la América Latina, y lo que yo quise hacer era dar un conocimiento, es decir, los conocimientos necesarios para que las organizaciones que fueron las víctimas de la represión política pudieran defenderse mejor, eso es lo que quise hacer: para que supieran o conocieran muy bien la metodología.

Menciona usted en “Acoso y Fuga” que no volvió a ver a quienes fueron sus agentes o sus contactos, no los siguió nunca. Algunos de ellos llegaron, aunque usted no lo crea, a manejar, en el caso ecuatoriano, en una u otra forma el destino de la Nación y son considerados prohombres, pese a sus traiciones. Le doy varios nombres: Baquero de la Calle, Arizaga Vega, Dávila Cajas o Córdova Galarza, son considerados prohombres en mi país y sin embargo estuvieron como agentes de la CIA.

Bueno, yo no sé si se pueden llamar agentes.

¿Contactos, Informantes?

Contactos, informantes o colaboradores, se puede decir, pero en el caso de Córdova Galarza yo no creo que le pasé dinero nunca. Él cooperó con nosotros cuando trabajaba para Jaime del Hierro, que era ministro en el Gobierno de Arosemena. Pero hay mil tipos de relaciones que tiene la CIA con gente que colabora con la Agencia.

Pero finalmente termina siendo lo mismo: un acto de traición a su país, al ofrecer información a un país extranjero. Es un acto de traición a la Patria, de cualquier tipo que sea o por cualquiera que sea el objetivo.

Bueno, yo no creo que nunca recibí de algunos de ellos información de tipo reservado, es decir, que era más bien tomar acciones en cuanto a nuestros deseos. En ciertos casos no se puede llamar eso traición, porque como dije antes, hubo una identidad de intereses entre un gobierno de partido tradicional como los Liberales o los Conservadores o los Social Cristianos con los intereses nuestros. Así es que hay muchas distintas relaciones entre la CIA y la gente que son sus contactos, sus colaboradores.

Ahora le doy la vuelta. ¿Usted nunca supo nada de las víctimas que provocó la actuación de los dirigentes comunistas presos, de sus familias destruidas, de las honras afectadas, de historias perversas en persecución? ¿Usted no se preocupó de saber luego de todo ello?

En aquel tiempo no. Después, por supuesto, yo reflexioné bastante en eso y eso fue una de las razones quizás por las que quise escribir el libro, es decir, para que pudieran defenderse mejor y creo que logré.

Ya el daño estaba hecho…

Era a cierto tiempo, pero hubo otra generación, más gente que apareció, así es que espero que en Ecuador y otros países de la América Latina aprovecharan de mi libro para su educación política.

¿Por qué no volvió al Ecuador?

Bueno, yo me enamoré de Ecuador cuando estuve allá. Pude haberme quedado el resto de mi vida en Quito, pero yo fui trasladado, después de tres años en Quito, a Montevideo y después de nuevo a Washington por algunos meses y luego a México. Fue en México donde comencé con el libro mío, como estudiante en la Universidad del Distrito Federal, después me traslade por un año a Paris y seguí trabajando en el libro y de ahí a Londres, donde lo terminé. Después salió y hubo una vida muy agitada siguió por tantas invitaciones y tanta gente que me contactó y muchos viajes. Y por casualidad nunca hubo un viaje a Ecuador.

Ni la oportunidad tampoco… ¿Será bienvenido por cierto?

Bueno, yo no sé si podría entrar ahí.

¿Por qué no? ¿Qué teme?

Es decir, he sido expulsado de cinco países de la OTAN y sin duda los Estados Unidos se opondrían a mis distintos viajes; lo han hecho en el pasado, hasta me quitaron el pasaporte de Estados Unidos. Es por eso que simplemente digo que yo, hasta llegar allá o acá o donde sea, no sé si me van a poder dejar entrar.

¿Cómo calificaría al Ecuador que usted dejó después de su intervención? Porque hay una introducción en su libro en el que nos describe al Ecuador en el que usted lleva, pero, ¿cómo le calificaría usted al Ecuador que deja cuando usted se va?

Bueno, yo tenía un plato bastante lleno de actividades operativas y cuando yo fui, dividí esas actividades mías, entre tres oficiales nuevos.

¿Tanto tenía de trabajo?

Sí, uno me reemplazó oficialmente, o sea formalmente. Otros eran nuevos puestos, dos más, y yo dividí todas mis operaciones entre esas tres personas. Cuando yo salí de allá pensé que tenía sentimientos mixtos: por un lado la Junta Militar estaba en el poder, estaba reprimiendo la izquierda, no se diga hasta que haya pasado, quizás dos años en Uruguay, que me doy cuenta una vez más o por primera vez o poco a poco se debe decir, de que mientras más exitosos fuimos nosotros en nuestras operaciones, menos lejos se pusieron las reformas que todo mundo…

De alguna manera reclamaba…

Sí, que todo mundo aceptaba que hacían falta.

Si usted evalúa las condiciones de desigualdad, de mal reparto de la riqueza e injusticia social que siguen en el Ecuador, da la impresión de que no sirvió de nada todo lo que ustedes hicieron.

Bueno, por lo menos no hubo una revolución tipo cubana allá, no hubo tampoco un movimiento político que seriamente afectase a los intereses de los Estados Unidos. En cierto sentido, eso es resultado de lo que hicimos nosotros, pero mientras perduren las injusticias sociales y económicas va haber gente que se oponga a esto. Hubo un tiempo en el que la CIA promovió el terrorismo, además de las acciones políticas de ciertos países, por ejemplo, en Cuba. Casi 3.500 cubanos han muerto víctimas del terrorismo de Estados Unidos contra Cuba, más de dos mil han sido minusválidos para toda su vida, gracias al terrorismo de Estados Unidos. De manera que no solamente son las acciones políticas que tomamos nosotros por Uganda. etc., cuando yo estuve en Uruguay, sino también que la CIA fue activa en promover acciones armadas y terroristas contra un país como Cuba. Así que ellos se metieron en todo. Pero por los años 70’s, en cuanto a Cuba, hubo un nuevo pensamiento y decidieron, en los primeros años 80’s, comenzar a promover la democracia, y lo siguen haciendo.

 ¿No le duele a usted históricamente el daño que nos causaron?

Cuando estuve allá sí, en cierto sentido, pero esos fueron otros tiempos. Mis propios pensamientos fueron distintos, de manera que se justificó todo eso en aquel tiempo. Cuando yo escribí el libro, por supuesto, volví a vivir mucho de eso, y eso me estimuló a escribirlo, es decir, de no dejarme desviar, tuve enormes problemas cuando estuve escribiendo ese libro, el primero.

¿Problemas internos, externos, gobierno, persecuciones, etc.?

Bueno sí, me siguieron en las calles de Paris, en Londres, no tenía dinero, casi no podía comer, tuve que luchar muy duro para tener el libro. Pero tuve apoyo también de varias personas claves, que me solucionaron ciertos problemas, incluso problemas financieros.

Cuándo usted se va de la CIA y decide contar, estoy es más que seguro de que sí se puso a pensar en el ¿por qué le tenemos que creer a un ex agente de la CIA que viene y nos cuenta este tipo de cosas? ¿En qué medida se puede convalidar los datos que usted consigna para la historia, especialmente proviniendo de alguien que desertó de la CIA?

Yo no deserté, yo renuncié. Mi idea era comenzar una vida nueva y olvidarme de todo eso. Yo estuve en el Distrito Federal, en la embajada en México, y me fui allá para trabajar en la Olimpiada de 1968. Me llamé “Agregado Olímpico”, y fui un año y medio antes de los juegos olímpicos para cultivar gente dentro del comité organizador, del comité olímpico mexicano, porque hubo muchísima gente de interés para la CIA, de la organización de la olimpiada.

¿Entonces sí le puedo preguntar sobre Tlatelolco del 68?

Yo ya había renunciado, porque seis meses antes de los juegos llegó un telegrama secreto de Washington, informándome de que me iban a promover una vez más, y yo les contesté que no hace falta una promoción más, que voy a renunciar, y me renuncia se haría efectiva al terminar los juegos olímpicos, porque tenía un compromiso con el embajador, con el ministro consejero, de ayudarles en todas estas actividades que tienen que ver con la otra olimpiada.

Pero, ¿qué tan fácil se vuelve a renunciar a la CIA? ¿Qué tan fácil se vuelve decirles: “me voy, renuncio”?

 Sí, era una sorpresa para mucha gente, pero les dije que era por razones personales.

¿En el fondo era su conciencia, era el cambio de pensamiento?

Bueno, era cambio de pensamiento, simplemente no quise hacer más eso. Yo, después de renunciar, me quedé en México y me matriculé en la Universidad Nacional Autónoma de México, en un programa de Maestría y Doctorado en Asuntos Latinoamericanos.

Ciencias Políticas…

Sí, y lo que me pasé entonces leyendo y escribiendo en la Universidad, ya a los 33, 34 años, fue la realización de lo que yo y mis colegas en la CIA, en los años 50`s y 60`s, hicimos. No era más que una continuación de casi 500 años, en los años 70, 71, de represión, de horrores, que comenzaron con la conquista.

¡Y que continúan hasta este momento!

Bueno en ciertos países sí, pero ya conocemos todos lo que es la ola de cambio en América Latina, y son cosas que hace 6 o 7 años nunca pude haber soñado que iban a pasar, pero sí han pasado y siguen pasando.

Continuemos, señor Agee: hablemos de los efectos inmediatos que se produjeron tras su salida, tras la acción cumplida. Da la impresión de que en el Ecuador en realidad ustedes “hacían que las cosas pasen”, políticamente hablando.

Pudimos causar ciertas cosas. Creo que estoy repitiendo, pero nosotros, mantuvimos estudios continuos acerca de la amenaza de la izquierda. En aquel tiempo, de la contrainsurgencia, hubo distintos rangos de amenaza o de problema, comenzando con ninguno y llegando hasta la lucha armada. Ecuador y Bolivia eran los países, por los años 61, 62, 63, más amenazados, según estos estudios que fueron hechos no solamente por la CIA, sino con participación de Fuerzas Armadas del Ejército. Era por eso que nosotros quisimos causar o inducir al Gobierno a tomar acción contra la izquierda; todo esto que escribí sobre la filtración del gobierno de Arosemena fue verdad y nos dio mucho miedo, por la persona que era Arosemena y por el aumento en la fuerza de la izquierda. Así que cuando yo me fui del país, me fui creo con la confianza de que la situación estaba bajo control.

¿Siguió con atención, una vez que usted sale del país, los hechos que vinieron luego: crisis política, dictaduras militares, boom petrolero, retorno a la democracia, un presidente muerto sospechosamente, una inestabilidad constante? ¿Siguió usted con atención eso?

No, yo intenté seguir los eventos pero estuve tan ocupado en otras cosas, por ejemplo, en Montevideo estuve igual de ocupado y sobreocupado que en Quito, de vuelta en Washington no pude realmente seguir, y también, cuando fui a México, tampoco. De manera que yo no pude seguir muy de cerca las actividades.

¡De lo que vino en Ecuador después!

 Solamente las cosas de mayor interés, sobre la muerte de Roldós, por ejemplo.

¿No dejaron ustedes sembrando la inestabilidad continua en el Ecuador? Ya que si usted se fija, cuando rompen, cuando se da el proceso de golpes de Estado contra Velasco y Arosemena, habían destruido cerca de 15 años de estabilidad entre 1948 y 1961, uno de los periodos más estables del Ecuador. ¿No dejaron ustedes sembrando esa inestabilidad?

Bueno, se debe comenzar entendiendo que a los Estados Unidos no les importa la democracia, es decir, eso puede servir en cierto sentido, pero cuando hablan ellos de la democracia, tienen una definición muy especial en cuanto es democracia. Hemos visto toda esta crítica del gobierno de Hugo Chávez en Venezuela, ha habido como ocho elecciones desde 1998 en Venezuela, él ha ganado todas: libres, justas y certificadas por observadores internacionales y lo demás, pero en Washington dicen que es antidemocrático. Ahora, eso es una mentira, pero esa es la actitud que toman cuando el proceso democrático electoral no sirve a sus intereses, lo que ellos quieren controlar en Venezuela es el petróleo y también tiene mucha importancia en Ecuador, Colombia y en otros países: si la democracia no sirve a sus intereses la botan, y apoyamos a los dos golpes militares cuando yo estuve precisamente porque los gobiernos de Velasco Ibarra y de Arosemena no cumplían con las cosas que nosotros quisimos en el país.

¿No fue eso, no fue la acción de la CIA la que le volvió al Ecuador un país ingobernable? ¿No fue por acción de la CIA?

Yo no conozco la situación tan bien desde que me fui como para contestar eso con certeza. Sin duda ha habido inestabilidad desde que me fui, y ha habido, como dijo usted, dictadura militar, retorno a la democracia, luego Roldós. El Ecuador sí tenía todos esos años de estabilidad continua antes del golpe contra Velasco Ibarra, pero a nosotros no nos importaba que Velasco fuese elegido democráticamente o que Arosemena, como su Vicepresidente, haya subido a la Presidencia o el golpe contra Arosemena.

¿Entonces qué importaba?

Lo que importaba era la cuestión de seguridad interna en el país.

¿Tenerle controlado?

Sí.

Sr. Agee: ¿Tiene usted la impresión o la certeza de que la CIA sigue interviniendo directamente en la política ecuatoriana?

Francamente, después de tantos años no lo puedo decir, pero yo supondría que sí, porque en todos estos años la política de los Estados Unidos hacia la América Latina y hacia Ecuador y hacia otros países ha tenido metas concretas, y lo que les interesa son estos intereses: como el acceso a las materias primas, acceso a la mano de obra, acceso a los mercados. Esos son los intereses fundamentales de Estados Unidos, porque los Estados Unidos tienen que exportar, tienen que importar, y necesitan accesos en condiciones ventajosas. De manera que si un gobierno es elegido democráticamente, como el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela, y si no cede a los intereses de Estados Unidos, el proceso democrático no les importaría un pepino, como por ejemplo, el golpe de abril de 2002, contra Chávez, eso fue apoyando por Estados Unido, a pesar de esas elecciones democráticas. De manera que, como principio, los Estados Unidos hablan mucho de la Democracia, pero es una democracia muy bien definida; otro tipo de democracia no se ve, o sea, no es aceptable.

¿Cree usted que el Ecuador fue inducido a participar en actividades ofensivas a su propio interés, como por ejemplo, “La Operación Cóndor”, de la que tanto se habla ahora?

Bueno, se ha conocido bastante sobre la “Operación Cóndor”, pero yo no me acuerdo que haya habido participación ecuatoriana en ella, eso fue más bien en Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay y quizá Brasil, también. Fue un programa, una operación de asesinatos realmente, nada más.

Ahora, lo otro es: hemos tenido problemas con el Perú.  ¿Cree usted que se intervino de forma tal que existieron acciones que provocaron los enfrentamientos en el caso ecuatoriano con el Perú, entre 1981 y 1995?

Desconozco los detalles de las confrontaciones. Me acuerdo que, creo que Menem, envió armas al Ecuador.

Pero la CIA concretamente, ¿habrá intervenido en el tema?, ¿era parte del estilo provocar conflictos armados entre Naciones?

Déjeme ver: pues sí, ellos promovieron la guerra entre Irak e Irán, en los años 80’s, y favorecieron a Saddam Hussein, dándole inteligencia de satélites y todo tipo de apoyo, porque lo que querían hacer eran prolongar la guerra y desangrar a Irán, y tuvieron cierto éxito en eso; en Afganistán provocaron y financiaron la resistencia a la ocupación Soviética. Pero entre Ecuador y Perú yo no tengo la información necesaria, tengo que decirle que no sé.

¿Cree usted que hay alguna vinculación entre la acción de la CIA y la muerte de Jaime Roldós Aguilera?

No, yo leí todo sobre eso en su momento, pero nunca pude concluir nada. Era una posibilidad, pero nunca concluí que sí o que no, igual en el caso de Torrijos, algo similar, ¿no?

Y era en el mismo tiempo…

Más o menos.

¿No hay nada concreto que pueda apuntar hacia eso?

No.  Lo único que yo diría es que eso sería una medida realmente extraordinaria, porque ni Torrijos ni Roldós representaban un enorme problema para los Estados Unidos o una amenaza grande para Estados Unidos. De manera que tengo mis dudas en cuanto a cualquier decisión de tomar sus vidas y asesinarlos, y me sería muy extraño si así fuese el caso.

Ecuador ha vivido un tiempo de inestabilidad muy grave entre 1997 hasta la fecha: tres Presidentes, tres golpes de Estado. Le pregunto: ¿no existe alguna acción directa que podría asociar esos recientes golpes de Estado con una intervención de la CIA en Ecuador?

Siempre hay la posibilidad, pero como le digo, no he seguido muy de cerca los eventos y me es difícil evaluar la posibilidad o probabilidad de que una mano extranjera entró en esos golpes o en la inestabilidad. Francamente me hubiera gustado seguir la situación más de cerca, pero simplemente se me ha pasado el tiempo.