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UN LLAMADO A LA CORDURA DE LA IZQUIERDA

Cuando lo que hay que decir es claro, no hacen falta demasiadas palabras. El rezo que ronda entre los que intentan levantar una izquierda vapuleada, dividida, atomizada y hasta enfrentada entre sí, tiene respuestas tan extrañas como la falta de proyecto, la falta de acceso a los medios de comunicación, al injusto sistema binominal, o simplemente la culpa todavía la tiene Pinochet. Pues la culpa la tiene la izquierda. Frente a un estado de cosas en que el crecimiento económico va para el bolsillo de pocos y las deudas para las capas medias empobrecidas ("proletarizadas" dirian los ortodoxos contumaces), mientras la macroeconomía se mantiene incólume y bien protegida para la ganancia de esos pocos, y el Estado reparte apoyos y lucas para los más pobres de los pobres, la olla a presión que es eésta sociedad se mantiene estable; el sistema se mantiene estable, y la izquierda no tiene por donde. La Concertación administra un modelo creado para la derecha con ideas de la derecha -de otra manera no se explica que el enorme caudal de recursos y capacidades de la derecha aún no se haga del poder político- mientras nuestra izquierda relega a ese abstracto llamado pueblo a un cuarto lugar.

De tanto en tanto se convoca al ritual democrático de las elecciones donde los primeros que ganan -si es que ganan- son los dirigentes o lideres, en segundo lugar los partidos que los apoyan, y en tercer lugar los votantes que los apoyan -si es que por algún milagro logran llevar adelante sus planes y programas- y en último lugar la mayoria, que es "pueblo". ¿Que queda entonces? Queda restregarle a esa izquierda -con el apellido que sea- que las elecciones son secundarias, subsidiarias, anexas, a otra cosa que debe primar: una estrategia de construcción popular que nadie sabe, ni siquiera atisba, por donde puede ir. Creo que a la mayoría ni siquiera les importa. Olvidan entonces que el Estado no es un aparato neutral, que es intrínsecamente perverso porque está siendo administrado por intrínsecamente perversos, y que si el "pueblo" -léase dirigentes y partidos- administrasen ese Estado para los intereses del "pueblo", otro gallo cantaria. Es la mentira más absurda de todas.

Por eso no se puede crecer a través del Estado, sino a pesar de dicho Estado. Y para eso hay que recordar cuál es la debilidad central del Sistema que todos decimos combatir: el lucro. Pues el Estado, parte gravitante de este sistema, no es neutral, existe para administrar, regular, proteger, y extender el lucro entre toda la sociedad, por eso es que domina todas las esferas del hacer humano, el económico, el social, el cultural, es sicológico, etc. Por eso ese abstracto llamado pueblo se endeuda al ritmo de un 6% anual, reniega de los sindicatos y no está dispuesto a sacrificarse por otro, a menos que se asegure que ese otro lo hará por él. No sé en que mundo vive nuestra izquierda pero ya sabemos que el modo de producción modela a las sociedades a su imagen y semejanza y no podemos hacernos los idiotas frente a ello. Que existan ejemplos de lucha solidaria y entrega desinteresada en el mundo popular no debe cegarnos, porque ese mismo mundo popular dispara los ratings de la televisión basura, y llena los bolsillos del merchandising de moda.

El talón de aquiles del sistema es el lucro, ¿y como combatimos el lucro? Para eso se necesita un diseño y una estrategia, pero nadie se empeña en ello. Si bien es cierto, la izquierda no está para subsidiar al Estado apoyando una economía alternativa o de base, para que ese mismo Estado opresor termine ahorrándose sus buenos millones. También es cierto que el lucro de ciertas transacciones comerciales o prestaciones de servicio pueden llevarse adelante a gran escala por conciencias avanzadas, voluntarias, que rompan el circulo y hagan temblar la tasa de crecimiento anual tan gravitante para los grandes expoliadores del patrimonio nacional. Pero la izquierda, de eso, nada. Prefieren a toda costa tratar de asegurarse algún cargo en alguna parte, y de paso, embaucan a los bien intencionados -militantes, o simples votantes- que en la suma de rayitas está la solución. Esto hay que debatirlo, el pueblo puede -como si fuera un reloj de arena- encontrar el vaso comunicante para vaciar al sistema desde su base; ese tiene que ser el telón de fondo de todo lo demás que pueda venir luego; por elecciones o por enfrentamiento directo. Eso es lo que hay que empezar a diseñar, ese telón de fondo. Hasta ahora tales iniciativas son resultado de "emergencias" de la cultura de izquierda que al parecer, no ha aprendido nada de su propia historia, desde las mutuales, las sociedades de resistencia, al "comprando juntos", las ollas comunes,  las cooperativas e incluso, las microempresas de fuerte control social, etc. hay aspectos a estudiarse profundamente, algunos de ellos terminarían en subsidio al mismo Estado -como el ahorro de energía eléctrica-, pero otro, como por ejemplo la compra de mercancías sin intermediarios a productores nacionales a gran escala, podrian hacer la diferencia. Dejo la piedra lanzada, y no pienso esconder la mano. 

Para que haya revolución, debe haber una clase revolucionaria, y para que ésta exista, debe haber una estructura que la entrame, y ello requiere un diseño a gran escala; no sirve la autonomia okupa, ni el demandismo economicista, ni el simple "contraestado", ni las propuestas al pueblo, lo que sirve es el diseño serio de una ingeniería social coherente para que la revolución en nuestro país pueda ser una esperanza, y no un simple devaneo de ilusos soñadores.

Estamos demasiado llenos de poetas, sociólogos, cientistas políticos, y políticos variopintos, cuando en realidad lo que necesitamos son ingenieros, en el sentido mas profundo del término: técnica e ingenio.

Saludos
Hermandad y Lucha.

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