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Las muertes de Monseñor Juan Gerardi
(Segunda Parte)

De hecho, el texto de ¿Quién mató al obispo? es un texto híbrido. Participa en las condiciones de una novela policíaca por la forma en que está redactado, puesto que, para aumentar la reacción afectiva del lector, se redactó el texto como una novela, en la que la voz narrativa no la llevan los autores empíricos, con los distintos mecanismos textuales que esto implica, incluyendo citas y la impersonalidad del lenguaje académico, sino lo relata un autor omnisciente, como ocurre en buena parte de la literatura. Pero también pretende participar como una investigación académica habida cuenta de su subtítulo, la introducción, la lista de iniciales, el epílogo a dos voces y las notas de texto utilizadas (los soportes del texto de los que habla Ochando, C. en La memoria en el espejo).

El término autopsia del subtítulo es significativo. Una autopsia es un procedimiento médico para determinar las causas de la muerte de una persona siguiendo determinados procedimientos precisos. Que se haya usado en el subtítulo la palabra autopsia remite a un procedimiento exacto, científico, que revela la causa (verdadera) sobre la muerte de alguien. ¿Quién mató al obispo? Autopsia de un crimen político pretende desde el título, mostrar que efectivamente, revela la causa de la muerte de Gerardi. Este soporte del texto es determinante para el código de recepción que se busca crear al leer el libro. La intención es dotarlo de un “efecto de verdad” para el lector. Los soportes textuales (internos y externos) inducen un código de recepción veredictivo (Ochando, C. 1998: 171), que busca que el lector encuentre la “verdad” y también emita un “veredicto” después de leer el libro.

Este veredicto se propone crear una versión de la muerte de Gerardi, que no tuvo nada que ver con su trabajo a cargo del REMHI, al mismo tiempo que afirma que el ejército y los militares no tuvieron ninguna participación en el mismo y la Iglesia y la ODHAG con todo su poder y capacidad de intrigas orientaron el juicio en un sentido acorde a su conveniencia, saldando cuentas con el coronel y el capitán Lima que, según Rico y de la Grange, no tuvieron ninguna participación en el hecho.

Además, también presentan que el gobierno de Álvaro Arzú prestó toda la ayuda posible al esclarecimiento del caso, mientras que hubo manejos oscuros y toda una “estrategia diseñada” en la cual la Iglesia y la ODHAG participaron, para desprestigiar al gobierno de Arzú y debilitarlo políticamente. La actuación de estas dos instancias llevaba una intencionalidad clara:

“A Gerardi no lo mataron por las denuncias del Remhi, sino porque se había convertido en un “blanco de oportunidad” en el contexto de la guerra a muerte entre el gobierno de Arzú y la mafia de la red Moreno en alianza con el FRG (Rico, M. & de la Grange, B. 2003: 261).

El principal efecto negativo de la versión expuesta en el libro de marras es restarle valor al trabajo de Gerardi, es decir, la recuperación de la memoria de las miles de víctimas del conflicto armado interno. Aquí es donde encuentra sentido esta muerte infame, como un intento de desprestigiar la figura de Gerardi y de mantener en el olvido la importancia de ese trabajo que rompe con el silencio al que se había querido someter a las víctimas y a los sobrevivientes del conflicto armado interno.

Como se había advertido, en el capitulo 7 titulado “El juicio”, en la primera mitad se hacen dos afirmaciones muy importantes para el tema que se está tratando. La primera es que Gerardi en realidad no tuvo mucho que ver con el contenido del informe Guatemala Nunca Más. Proponen que el obispo se dejó manipular o fue engañado respecto al contenido. Y segundo, afirman que dicho informe es parcial e inconsistente metodológicamente. En el fondo, lo que cuestionan es que el trabajo que presidió el obispo descubre y denuncia buena parte de las atrocidades que comete el ejército contra los guatemaltecos indígenas más pobres. La versión de Maite Rico y Bernard de la Grange coincide con los intereses de mantener en el silencio y la impunidad la memoria de las víctimas del conflicto armado interno en Guatemala: su sufrimiento y también sus anhelos de felicidad frustrados, su esperanza por un mundo menos injusto y mejor.

La muerte que culmina en memoria, justicia y vida

El obispo Juan Gerardi presidió el grupo de trabajo que rescató la historia reciente del terror en Guatemala. Miles de voces, testimonios recogidos en todo el país, fueron juntando los pedacitos de cuarenta años de memoria del dolor: 150 mil guatemaltecos muertos, cincuenta mil desaparecidos, un millón de exiliados y refugiados, doscientos mil huérfanos, cuarenta mil viudas. Nueve de cada diez víctimas eran civiles desarmados, en su mayoría indígenas; y en nueve de cada diez casos, la responsabilidad era del ejército o de sus bandas paramilitares. La Iglesia hizo público el informe un jueves de abril del 98. Dos días después, el obispo Gerardi apareció muerto, con el cráneo partido a golpes de piedra. Eduardo Galeano [5] .

La palabra mártir, del latín martyr y del griego martyros, que significa testigo, posee indudables ecos bíblicos y religiosos. Esta opción no es casual para referirse a la muerte de Gerardi como la muerte de un mártir. Puesto que este trágico asesinato ha sido la continuación de la violencia que ejerció el Estado guatemalteco para reprimir cualquier disidencia política y continuar con un proyecto de nación excluyente para la mayoría empobrecida del país.

La muerte de Gerardi es una de las expresiones que el conflicto armado interno no desapareció definitivamente después de la firma de la paz en 1996. La presencia de los militares en la sociedad guatemalteca es considerable, aún cuando hayan perdido parte de su poder. Además, deben considerarse los efectos que el conflicto armado interno dejó en el tejido social guatemalteco, pues siguen manteniendo vigencia. El peor, quizás, es el uso de la violencia como recurso instrumental, sancionado simbólicamente y que permanece operando después que el gobierno y el ejército lo instalaran como parte de la “normalidad” de las relaciones sociales. A esto se debe sumar la impunidad que se mantiene y que, aquellos factores que originaron el conflicto, como la pobreza y la exclusión, no han sido eliminados y continúan produciendo dolor y sufrimiento.

Se puede considerar que la muerte de Gerardi adquiere sentido al verla en relación a su vida: un religioso profundamente comprometido con la suerte de los pobres y, en su última etapa, comprometido con la reparación de las injusticias de las víctimas del conflicto armado interno. El esfuerzo personal que hizo para la realización del REMHI estaba dirigido precisamente, a sacar del olvido a las víctimas y que Nunca Más ocurriera algo así. Este es un movimiento ético primario que impulsa los últimos años y la obra del Obispo. Hay un esfuerzo por dar voz a las personas que sufrieron el conflicto y perdieron familiares, dándole rostro a esas víctimas olvidadas. Esto es lo que se ataca de fondo en el libro de Maite Rico y Bertrand de la Grange, además de proponer su particular versión sobre el asesinato y el juicio. Se deja a un lado el esfuerzo del REMHI, como elemento constitutivo y significativo de la muerte del Obispo.

Para que esta muerte encuentre sentido, hay que leer de nuevo el REMHI y encontrar en sus páginas de dolor, también un tributo a la esperanza. Esa esperanza que tiene que ver con que ese pueblo empobrecido viva de una forma digna y justa.

Hay que afirmar que la muerte de Gerardi es resultado de su vida. De una vida conscientemente dirigida al compromiso con los pobres y con las víctimas. El REMHI es resultado de esta intención. Es aquí donde el libro En la mirilla del jaguar de Margarita Carrera recupera la memoria del obispo. Es el sentido que se encuentra globalmente en el texto [6] y que encuentra una de sus mejores expresiones en la siguiente cita:

“Al entrar al garaje, monseñor Gerardi fue asesinado y de la manera más siniestra. Había sido agredido brutalmente con un objeto contundente que le había destruido la cara y el cerebro. La última cita bíblica que hiciera en su discurso [7] se hacía cruel realidad en su persona:

Mirad a mi siervo –dice Isaías-, muchos se espantaron de él, desfigurado no parecía hombre, no tenía aspecto humano. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso y herido de Dios…” (Carrera, M. 2005; 152, cursiva de la autora).

Con esto, logra presentar una muerte profética y de intenso valor simbólico, que da sentido a la vida de Gerardi, como defensor de los derechos humanos y persona comprometida con la suerte de los más desfavorecidos.

Al proponer esta muerte, ligada a la vida y obra de Gerardi, también se propone que la memoria del obispo no debe quedar en la conmemoración ritual que se puede llevar a cabo año tras año. El significado político y ético de su muerte, así como la muerte de las víctimas del conflicto armado interno y las resistencias de los sobrevivientes, deben animar con sus promesas insatisfechas de felicidad, las luchas actuales. Deben permitir animar y dar aliento a los que hoy en día también se niegan a aceptar el mundo como dado y reconocen la reivindicación del pasado y la transformación del presente como tareas pendientes.

A 10 años de la trágica muerte de Gerardi, es necesario, para retomar su legado, revisar una construcción histórica que tome en cuenta la visión de los vencidos y las víctimas. Este puede ser el proyecto que articuló los esfuerzos ulteriores del obispo Gerardi, que se materializaron en un proyecto de denuncia de las atrocidades pasadas pero también de reconocimiento de la vida que sobrevive, pese a los innegables esfuerzos por sofocarla.

BIBLIOGRAFIA

Carrera, M. (2005) En la mirilla del Jaguar. Biografía novelada de Monseñor Gerardi. FCE, 2ª. edición, Guatemala.
de la Garza, Ma. Teresa (2002) Política de la memoria. Una mirada sobre Occidente desde el margen. Anthropos Editorial, Barcelona.
Mate, R. (2006) Medianoche en la historia. Comentarios a las Tesis de Filosofía de la Historia de W. Benjamin. Trotta, Barcelona.
Morales, M, coord. (2001) Stoll-Menchú: La invención de la memoria. Consucultura, Guatemala.
Ochando, C. (1998) La memoria en el espejo. Aproximación a la escritura testimonial. Anthropos Editorial, Barcelona.
Rico, M. & de la Grange, B. (2003) ¿Quién mató al Obispo? Autopsia de un crimen político. Editorial Planeta Mexicana, México, D.F.
Ricoeur, P. (2003) La memoria, la historia, el olvido. Trad. Agustín Neira. Editorial Trotta, Barcelona.
Ruiz-Vargas, J. (2002) Memoria y olvido. Perspectivas evolucionista, cognitiva y neurocognitiva. Editorial Trotta, Barcelona.
Tischler, S. (2005) Memoria, tiempo y sujeto. F&G Editores, Guatemala.
Vásquez, F. (2001) La memoria como acción social. Relaciones significados e imaginario. Paidos, Barcelona.
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Mariano González, psicólogo, guatemalteco. Docente de la Escuela de Ciencias Psicológicas de la Universidad de San Carlos de Guatemala e investigador de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala –ODHAG.

Notas

[1] Este artículo es una versión resumida de una investigación más extensa que se encuentra en preparación.
[2] En el estado de este trabajo, se debe considerar postergada la discusión y diferenciación sobre memoria e historia. Provisionalmente se podría pensar que la historia es conocimiento del pasado, mientras que la memoria es actualización del pasado (ver Mate, R. 2006). Para una discusión amplia y compleja sobre el tema, se puede ver el estudio de P. Ricoeur que lleva por título La memoria, la historia, el olvido.
[3] Se asume que la posición del científico social está exenta de condicionamientos o que puede colocarse en un lugar privilegiado, sobre los intereses particulares. Me parece que esto es, cuando menos, discutible, lo que no exime de responsabilidad por articular un proceso riguroso de investigación.
[4] Apenas un día antes del décimo aniversario de su asesinato, el periódico guatemalteco Siglo XXI publicaba en portada, concediéndole bastante espacio en su interior, la versión de un investigador del Congreso de EEUU, Leonel Gómez, que plantea que la muerte de Gerardi se debe al narcotráfico. Pese a ser un desatino manifiesto, lo importante es ver la difusión que se le da y que permite seguir confundiendo a la opinión pública.
[5] El escrito de Galeano contiene dos inexactitudes. La primera se refiere a las fechas: fue viernes la presentación del REMHI y el domingo 26 fue cometido el asesinato. La otra es que el objeto homicida no fue una piedra, sino otro tipo de objeto, probablemente un objeto metálico pesado. Pero la vinculación de vida, obra y muerte es tremendamente significativa.
[6] Desde el subtítulo, En la mirilla del jaguar se reconoce como una “biografía novelada de Monseñor Gerardi”. Además, el texto trata principalmente de la vida y obra de Gerardi y es, hasta el último capítulo, donde se plantea el asesinato ocurrido. Es decir, aquí la importancia que se le da al legado de monseñor es mucho más extenso. Su muerte sería el resultado de una vida comprometida y de una obra significativa para aportar en torno a la memoria y la justicia.
[7] Hace referencia al último discurso de Gerardi, cuando en la catedral metropolitana, ante una iglesia abarrotada, presenta la obra que culmina el trabajo de su vida, el informe Guatemala Nunca Más.

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