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¿MEJOR NO HABLAR… DE CIERTAS COSAS?
(El verdadero delito de Elena Varela)
Dauno Tótoro
25 de mayo de 2008
A menos de cien metros de su casa, al terminar la entrevista, fuimos
interceptados por dos camionetas nuevas, sin patentes, con carabineros
uniformados y agentes de civil que no se identificaron. Exigieron
saber, en medio del camino público, con quiénes habíamos hablado, a
quiénes habíamos entrevistado, si teníamos contacto con los "terroristas mapuche".
Por medio de la presidenta de la Asociación de Documentalistas de
Chile, Viviana Erpel, nos llega esta carta escrita especialmente por
Dauno Tótoro, investigador, escritor, guionista y director de "Üxüf
Xipay, El Despojo".
Tótoro cuenta de primera fuente cómo son las condiciones de trabajo
documental cuando se trata del tema mapuche. Impresionante, por decir
lo menos.
Hace cuatro años, nuestro equipo de documentalistas de Ceibo
Producciones estrenó el documental "Üxüf Xipay, El Despojo", acerca
del proceso de resistencia y recuperación territorial de las
comunidades mapuche de la VIII y IX regiones de Chile. En él, los
propios hablantes de las comunidades agredidas por las empresas
forestales, los grandes terratenientes y las fuerzas policiales,
denunciaron las redes ilegales de represión organizadas en la zona.
Por entonces, aquellas redes (y particularmente el autodenominado
Comando Hernán Trizano, que opera bajo el mando de conocidos
agricultores con vínculos directos con Carabineros y Fuerzas Armadas
estacionadas en el sur de nuestro país) buscaban desarticular la
organización y coordinación de las comunidades, perseguir y atormentar
a sus dirigentes y werkenes, elevar falsos cargos y falsos testimonios
en juicios espurios (con testigos sin rostro) para encarcelar a
lonkos, machis y activistas.
Aparentemente, hoy los trizanos han ampliado sus mecanismos de acción,
aumentado su vínculo directo con los gobiernos locales, y han abierto
el abanico de sus enemigos naturales, incorporando a quienes pretendan
dar voz a los sin voz, a quienes busquen difundir la turbia
maquinación de las empresas forestales.
Como documentalistas que hemos abordado el tema, entendemos que Elena
Varela ha caído en aquella trampa. El verdadero delito de esta
cineasta ha sido hablar de ciertas cosas de las que ellos prefieren no
se sepa nada.
Lamentablemente para Elena, a nadie parece importarle un carajo (o a
muy pocos). Ella vive en carne propia hoy lo que las comunidades
vienen sufriendo por siglos, condenados al silencio y a la
humillación.
Nos resulta tan comprensible como repugnante que quieran silenciar la verdad.
Pero debemos insistir. Luego de "El Despojo", iniciamos un largo
recorrido de registro y búsqueda de testimonios para la realización de
nuestro nuevo documental, titulado "Nvtram: la palabra y el bosque",
profundizando en el tema del conflicto que remece al Wallmapu.
En este nuevo documental, una de nuestras primeras entrevistadas fue
la señora Rosa, en una comunidad cercana a Ercilla, y de quien no
daremos mayores antecedentes, pues visto está que la prensa nacional
actúa con repugnantes criterios de colaboracionismo policial. Madre de
dos niños pequeños, vive sola desde que hace cuatro años su marido
debió clandestinizarse para evitar ser encarcelado.
"Para que nosotros no sigamos reclamando", nos dijo la señora Rosa, "a
nuestros maridos los andan persiguiendo y los están tratando de
terroristas y los condenan por tantos años, sin haber una prueba
concreta, por pura mentira.
Eso es lo que a mí me duele mucho. Yo estoy enferma junto a mis hijos.
Mi niñita está en el colegio, ni siquiera se concentran en las tareas
que le dan, porque siempre tiene ese trauma de los pacos que llegaron,
como dos veces me allanaron la casa. Llegaron una cantidad de pacos
buscando por ahí, interrogándola a ella.
Mi niñita tenía recién tres años, y los pacos le estaban diciendo 'qué
hizo tu papá', 'qué tienen aquí', 'adónde tienen las armas', le
estaban diciendo a mi niñita… y de los tres años ella está sufriendo.Ahora, cada vez está sufriendo más.
Ni siquiera puede estudiar en el colegio, y así, ¿cuándo va a
aprender? Porque ella está pendiente de otra cosa. Dice que no se
puede olvidar".
A menos de cien metros de su casa, al terminar la entrevista, fuimos
interceptados por dos camionetas nuevas, sin patentes, con carabineros
uniformados y agentes de civil que no se identificaron. Exigieron
saber, en medio del camino público, con quiénes habíamos hablado, a
quiénes habíamos entrevistado, si teníamos contacto con los
"terroristas mapuche".
Quisieron confiscar nuestro material de cámara, pero a diferencia de
Elena Varela, habíamos adoptado medidas precautorias, registrándonos
como corresponsales extranjeros residentes, con autorización del
Ministerio del Interior. A partir de entonces, entendimos que el
material de cámara, durante el resto del registro, debía viajar lejos
de nosotros y quedar a buen resguardo.
Durante todo el resto del proceso de registro se repitió la misma
escena, una y otra vez.
Una vez que El Despojo fue difundido, dejamos en evidencia algunas de
las redes ilegales que se han armado para presionar a las comunidades
y perseguir a sus dirigentes. Específicamente la participación de
personajes tales como el agricultor Jorge Luchsinger y otros en el
Comando Hernán Trizano.
Me puedo imaginar que estos señores quedaron bastante molestos con "el
engaño" al que les sometimos, haciéndoles hablar en cámara y
expresando todo su desprecio por el pueblo Mapuche. Me puedo imaginar
que se hayan propuesto "nunca más pisar el palito" y evitar que
nuevos documentales de esta naturaleza fueran realizados.
¿Qué quieren esconder? ¿De qué no quieren que se sepa? De sí mismos,
de lo que son.
No hay que hacer mucho esfuerzo para recordar, por ejemplo, que Matías
Catrileo Quezada murió a los 23 años de edad baleado en la espalda por
un suboficial de Carabineros de Chile a quien se le había ordenado
defender la propiedad y bienes del agricultor Jorge Luchsinger, de
origen suizo. Un mes antes de su muerte, Matías había participado en
actos in memoriam de uno de sus compañeros de causa, Alex Lemún,
asesinado por otro Carabinero, cuatro años atrás. El suboficial que
terminó con la vida de Matías (y que se encuentra libre y ha recibido
el respaldo y congratulaciones de su institución y del Gobierno de
Chile), hizo uso, en esta acción con respaldo judicial, político e
institucional, de un arma de guerra, calibre 9 milímetros. Matías,
junto a un a veintena de jóvenes Mapuche desarmados, simpatizantes o
integrantes de la Coordinadora Arauco Malleco, había ingresado al
fundo Las Margaritas pues consideraba que aquellas tierras, ahora
cercadas y rodeadas por una fosa, pertenecían históricamente a su
pueblo y no a Jorge Luchsinger. Quemarían fardos de pasto. Pensaba que
en el despojo de aquellos parajes radicaba la ya histórica marginación
de su pueblo. Pensaba que aquello que hacía era la única forma de
recuperar los territorios y la dignidad, concepto éste último que
había aprendido de sus abuelos y abuelas. Estaba convencido que era la única manera eficaz para forzar la retirada de Luchsinger, del mismo
modo que (pensaba) debía forzarse la salida del Wallmapu ancestral de
tantos otros Luchsingers. Claramente, Matías no contaba con el apoyo
ni con la simpatía del gobierno chileno, ni de sus tribunales. Pero
eso Matías lo tenía claro.
Tampoco contaba ni con la simpatía ni con el interés por su causa de
parte del grueso de la población de Chile, país al que se supone
Matías debía guardar respeto, fidelidad y amor filial, o atenerse a
las consecuencias. De aquello también era conciente.
Y las consecuencias no se hicieron esperar.
¿Quién es y qué piensa de todo esto Jorge Luchsinger, aquel al que el
Estado de Chile ha decido defender y proteger a como dé lugar? ¿Es
algo de lo que no se debe hablar, documentar?
Pues bien, es de esto que no quieren que se sepa: cómo piensan, cómo actúan.
Entrevistamos al hombre cuyos fardos de alfalfa valen más que la vida
de un joven, durante la realización del documental "Üxüf Xipay, El
Despojo", en el mismo predio donde luego habría de cometerse el
asesinato de Matías. Nos recibió en la casa patronal del fundo "Las
Margaritas". Iba cubierto por un poncho y con botas de caucho,
hablando duro y golpeado.
¿Usted cree que los agricultores deben organizarse de modo privado
para protegerse entre sí?
"Yo creo que para allá va toda esta cuestión, porque lamentablemente
los agricultores cometemos un delito tremendo que es trabajar, y esto
de trabajar y producir es mal visto por mucha gente, porque dicen que
somos 'explotadores', entonces esta cuestión ideológica a nosotros nos
afecta tremendamente".
Hay agricultores de la 9ª región que han manifestado su voluntad de
organizarse como cuerpo gremial, como productores, para defenderse y
defender la producción…
¿Ha oído hablar del Comando Hernán Trizano, una especie de cuerpo
paramilitar, con apoyo de oficiales del Ejército? Hay denuncias calificadas que lo sindican a Usted como uno de sus cabecillas.
"Yo quisiera creer que el término Hernán Trizano es como hoy día se
dice 'tolerancia cero', es lo que todos desean, que el Estado asuma la
responsabilidad de la tolerancia cero, para que todos podamos vivir en
paz.
A mi se me involucró como organizador del Comando Hernán Trizano,
junto con un señor Lichterberg de Victoria. Él también está acosado y
tiene serios problemas en sus predios".
¿Defendería su predio con las armas?
"Si tengo que hacerlo lo voy a hacer, si tengo que defenderlo lo voy
a hacer. Lo único que yo espero es que no lleguemos a ese tipo de
enfrentamiento porque yo no nací para guerrillero.
Se le ha escuchado hablar de injerencia extranjera en este conflicto. ¿Lo sostiene?
"Yo creo que en la región estamos ante actos terroristas y esa es
instrucción foránea. Cómo hacer atentados, cómo hacer bombas, cómo
fabricar armas hechizas. Yo creo que hay gente que viene a asesorarlos
del extranjero, y que este es un modelo muy parecido a los Zapatistas;
yo afirmo que en este conflicto está metida la gente de los países
vecinos, de la ETA de España, asesorando y financiado con plata
europea y canadiense. Yo creo que esto amerita algunas acciones
excepcionales que la constitución permite; aquí en la 9ª región bien
podría haber Estado de Sitio, con toque de queda".
Jorge Luchsinger nos conduce hasta uno de los deslindes de su fundo y
nos muestra, no sin cierto orgullo, un profundo y ancho canal que
recorre parte del perímetro de su predio.
"Este es un canal que me vi obligado de construir. Era una idea a la
quele venía dando vueltas desde hacía tiempo, pero me resistía porque
lo encontraba una barbaridad, era como retroceder a la Edad Media,
pero bueno, me dije, no me queda otra alternativa y en 20 días hicimos
4.800 metros de canal y desde entonces no he tenido nunca más un
animal ajeno en el predio. Pero con esto de estar encerrado me siento
como en la cárcel, con protección policial, con mi propio muro de
Berlín, que es este canal… me parece que estamos igual que en la época
de Alemania Oriental y Alemania Occidental, aquí lo único que falta
son las torres con las metralletas, y los perros que no dejan entrar
ni salir a nadie".
Si un comunero cae en su canal… ¿Qué hace Usted… lo entrega a Carabineros?
"No, porque ya ve que la justicia no funciona".