Volver a Portada
Che Guevara: La otra cara del mito
Las muchas caras del Che
Hubiese cumplido hoy 80 años. aquí, se analizan las caras políticas
del Che: la revolucionaria, la progresista, la comercial. Y se da
cuenta de nuevos trabajos referidos a la faz humana del mito: libros,
el documental que prepara el Argentino Tristán Bauer y la película de
Steven Soderbergh, aún no estrenada aquí, que focaliza en la pequeñez
del héroe en una gesta hecha por hombres.
Nestor Kohan *
"No sólo no soy moderado sino que trataré de no serlo nunca, y cuando
reconozca en mí que la llama sagrada ha dejado lugar a una tímida
lucecita votiva, lo menos que pudiera hacer es ponerme a vomitar sobre
mi propia mierda". (Carta de Ernesto Guevara a su madre. México, 15 de
julio de 1956.)
En 1925 el peruano José Carlos Mariátegui, fundador de la revista
Amauta y primer marxista de América, escribió: "Todas las
investigaciones de la inteligencia contemporánea desembocan en esta
unánime conclusión: la civilización burguesa sufre de la falta de un
mito, de una fe, de una esperanza [. . . ] El mito mueve al hombre en
la historia. Sin un mito la existencia del hombre no tiene ningún
sentido histórico [. . . ] Los pueblos capaces de la victoria fueron
los pueblos capaces de un mito multitudinario ".
Según Mariátegui, los mitos no son necesariamente ilusiones falsas, sino
más bien creencias movilizadoras que condensan esperanzas colectivas y
anhelos populares.
Revolucionario genuino y radical, fotogénico y joven, Ernesto Guevara
fue retratado en marzo de 1960 por Alberto Korda y su rostro recorrió
el mundo. Se convirtió en el símbolo de toda rebelión a escala
mundial. Desde las Panteras Negras norteamericanas hasta los
estudiantes japoneses, desde los insurgentes palestinos hasta los
negros insurrectos de Sudáfrica, desde las guerrillas latinoamericanas
hasta los intelectuales franceses, todas las rebeldías lo llevan como
estandarte. Guevara dejó de ser Ernesto y se transformó en el Che. Un
mito y una leyenda atravesados por un tironeo ininterrumpido y una
permanente resignificación.
En esa pulseada por apropiarse del Che, tres perfiles posibles son los
protagonistas: (a) el Che devenido objeto mercantil y oferta de
vidriera; (b) el Che políticamente correcto, light y progresista
simpático; (c) el Che inspirador político de corrientes
revolucionarias y portador de un pensamiento marxista radical,
antiimperialista y anticapitalista. Podría quizás mencionarse un cuarto
relato que lo dibuja como "un asesino frío y sanguinario ". Pero a
esta altura ese relato ya no convence a nadie.
(a) La primera aproximación a Guevara existió desde su asesinato en
octubre de 1967. Desde esa fecha su imagen inunda librerías, quioscos,
tapas de CD, películas, remeras, biquinis, ceniceros, encendedores,
cervezas y cualquier objeto que pueda ser comercializado en el
mercado. La "guevaromanía " resurge ante cada aniversario. ¡Qué
tremenda paradoja la de un pensador que conocía en detalle los tres
tomos de El Capital de Marx el terminar convertido en mercancía! No
muy diferente a Mao Tse Tung, quien representaba algo más que un
cuello de camisa o un ícono pop de Andy Warhol. O la estrella roja de
cinco puntas, símbolo del Ejército rojo bolchevique creado por León
Trotsky, hoy más conocida por adornar la botella verde de una cerveza de
moda.
(b) En el segundo perfil se inventa un Che light y descafeinado, ajeno
a las emociones fuertes, rodeado de suspiros melancólicos por los "bellos tiempos que se han ido y ya no volverán". Aquí Guevara se
convierte en un tímido progresista, comodín útil para barnizar con
tinturas políticamente correctas las gestiones institucionales
tradicionales. Desde este ángulo, el Che deja de ser el inspirador de
incendios juveniles para convertirse en una fría estatua de bronce que
no molesta a nadie (y a la que se le rinde tributo pues tranquiliza
verlo muerto y petrificado). ¡Qué curioso que Guevara, hermano mayor
de Miguel Enríquez, Inti Peredo, Mario Roberto Santucho y Raúl Sendic,
se termine transformando en una pieza de metal más cerca de la
canonización y el museo que del fuego de la revolución
latinoamericana! ¡Justo él!, quien alguna vez, pensando en José Martí
escribió: "Porque a los héroes, compañeros, a los héroes del pueblo,
no se les puede separar del pueblo, no se les puede convertir en
estatuas, en algo que está fuera de la vida de ese pueblo para el cual
la dieron. El héroe popular debe ser una cosa viva y presente en cada
momento de la historia de un pueblo. Así como ustedes recuerdan a
nuestro Camilo, así deben recordar a Martí, al Martí que habla y que
piensa hoy, con el lenguaje de hoy, porque eso tienen de grande los
grandes pensadores y revolucionarios: su lenguaje no envejece. "
(Conmemoración del natalicio de José Martí, 28/1/1960).
La canonización de Guevara vaciado de contenido político tampoco es
una excepción. Su guía inspirador, Vladimir Ilich Lenin, quien le
dedicó su vida a levantar barricadas, construir organizaciones
insurgentes y generar revoluciones terminó convertido “gracias a
Stalin” en una momia embalsamada.
(c) Desde el tercer ángulo, a notable distancia del mercado y los
museos, del negocio y la nostalgia complaciente, Guevara sigue siendo
una astilla en el cuello de terratenientes, banqueros, empresarios,
policías y militares. Un heredero de Mariátegui, un estudioso obsesivo
de Marx, un admirador de Lenin y el político radical más notable de
América Latina además de uno de sus pensadores marxistas más
heterodoxos. Desde la revolución cubana y el zapatismo de Chiapas
hasta la insurgencia colombiana y el bolivarianismo de Venezuela,
desde el MST de Brasil hasta los piqueteros de Argentina, desde el
estudiantado de Chile hasta los indígenas de Bolivia, todos y todas,
continúan referenciándose en él. Lejos de las vidrieras y las
manipulaciones oportunistas, continúa existiendo el guevarismo como
proyecto político y pensamiento radical.
"Queridos viejos: Otra vez siento bajo mis talones el costillar de
Rocinante. Vuelvo al camino con mi adarga al brazo. Hace de esto casi
diez años, les escribí otra carta de despedida. Según recuerdo, me
lamentaba de no ser mejor soldado y mejor médico; lo segundo ya no me
interesa, soldado no soy tan malo. Nada ha cambiado en esencia, salvo
que soy mucho más consciente, mi marxismo está enraizado y depurado".
(Carta de Ernesto Guevara a sus padres. La Habana, marzo de 1965.)
Los tironeos y las disputas por su herencia multiplican los espejos
que reflejan el rostro de varias generaciones argentinas.
Cada generación dialoga con Guevara desde sus propios problemas, sus
dudas, sus falencias, sus sueños, sus desafíos pendientes, sus anhelos
incumplidos.
La generación del 60 vio en el Che la encarnación de todo aquello que
la vieja izquierda ya no podía dar: ejemplo moral, nueva cultura,
lucha contra la enajenación y la explotación (al mismo tiempo),
crítica de la burocracia, internacionalismo genuino y, sobre todo, un
método de lucha político-militar. Para aquella generación Guevara
expresa la cabeza visible de un proyecto continental, impulsado por
la revolución cubana y Fidel Castro. Una forma de lucha política donde
se confronta con las instituciones y el eje pasa al enfrentamiento
directo con el poder armado de las dictaduras militares y sus amos del
Norte, Wall Street, la CIA, el Pentágono y la Casa Blanca.
Ya asesinado a sangre fría en Bolivia por el ejército y Félix
Rodríguez, agente de la CIA que daba las órdenes, la generación del 70
volvió a encontrar en el Che un ejemplo de vida. Pero lo descifró
desde otro lugar. Después del Cordobazo, la figura de Guevara se
entremezcla con el fantasma de Perón. Aunque existieron corrientes
que, apoyándose en el marxismo del Che, dieron una batalla por la
conciencia clasista y socialista de los trabajadores y no aceptaron
encolumnarse detrás del general Perón y su "capitalismo nacional ",
fueron minoritarias. En esos años, la mayoría de la juventud argentina
veía en el Che a un revolucionario que era parte de una constelación
mayor, donde también brillaban otras "estrellas ": los generales
Velazco Alvarado [Perú], Torres [Bolivia] y el propio Perón. El
nacional-populismo fue hegemónico.
Después vino 1976, la dictadura, el terror, el genocidio, la masacre.
Más de 100.000 desaparecidos en toda América Latina. Durante esos años
tenebrosos el Che Guevara se convirtió en un desaparecido junto con
sus libros, su imagen y su póster.
A partir de 1983 el pueblo volvió a la búsqueda. Muchos jóvenes que no
habían vivido los 60 y los 70, se abocaron a reconstruir el pasado.
Un sector de intelectuales, ex izquierdistas, sumados al gobierno de
Raúl Alfonsín, le proporcionó a la juventud un relato tramposo,
sesgado, unilateral. Guevara habría sido "un rebelde bienintencionado,
pero que no entendía nada de política ". De la mano de la teoría de
los dos demonios, algunos ex marxistas lo parangonaban a los militares
genocidas. Triste y mediocre teoría que homologaba al almirante
Massera y al torturador Astiz con revolucionarios como Rodolfo Walsh y
Raymundo Gleyzer.
Entonces volvió el Che en las remeras y los libros, pero no en
política. ¿Quién se animaba, en los 80, a defender la actualidad
política de Guevara? No sus canciones o su iconografía.
Y apareció Menem, quien llegaba con la vieja retórica y la añeja
puesta en escena nacional-populista. Mientras se denostaba al Che, se
privatizaba la Argentina de raíz y caía el Muro de Berlín
Desde aquel derrumbe bochornoso de las burocracias del Este europeo
(que Guevara había impugnado duramente), el neoliberalismo económico y
el posmodernismo cultural parecían eternos.
Mientras las recetas económicas de Milton Friedman privatizaban en los
'90 hasta el agua, el mundo se desencantaba de la imaginación
sesentista. El posmodernismo, bajo el pretexto de defender a las
minorías y sus diferencias, terminó legitimando un reino monocorde,
triste y sin alternativas. El "hombre mediocre " sin ideales ni
aspiraciones, del que hablaba José Ingenieros cien años atrás, se
volvió moneda corriente. Lejos quedaba el "hombre nuevo " del Che.
Pero ese supuesto "fin de la historia " (Francis Fukuyama), ese "agotamiento de la política " (Daniel Bell)y esa "crisis de los
grandes relatos " (Jean François Lyotard), duró muy poco.
Reivindicando al Che, en 1994 entran en escena los zapatistas y le dan
la primera estocada al "Nuevo Orden Mundial ". Al poco tiempo se
suceden las rebeliones en América Latina y el primer mundo: La Paz,
Seattle, Davos, Barcelona, Buenos Aires, Génova, etc. En todos lados
la bandera con el rostro del Che Guevara acompaña la insurgencia
juvenil. Rápidamente entran en crisis los falsos axiomas neoliberales:
Mayor mercado = mejor democracia; más sumisión a Estados Unidos =más
derechos humanos; privatización = superación de la burocracia, etc.
En Porto Alegre los Foros Sociales Mundiales abren el siglo XXI
gritando: "Otro mundo es posible ". Renacen la sed de ideología, el
apetito de totalidad, la necesidad de una cosmovisión de la historia y
el deseo de cambiar el mundo. Se profundiza la crisis del pensamiento
en migajas y se agota el culto dogmático del fragmento.
Retorna una vez más el mensaje del Che. Se palpa en el aire. Decenas
de miles de jóvenes, hastiados con la vieja política, hartos del
sistema capitalista y del neoliberalismo, sin una dirección definida
por delante, pero a la búsqueda de una nueva alternativa de vida,
enarbolan en marchas y movilizaciones, en estadios de fútbol, en
plazas, en parques, en recitales, casi fanáticamente, la bandera del Che.
¿Qué les ofrece el Che? Un pensamiento político donde lo central de la
estrategia es el problema del poder. Una concepción de la
transformación social, la subjetividad y la revolución, donde la
conciencia antiimperialista, clasista y socialista es fundamental,
donde se disipan las ilusiones en las tímidas reformas y las medias
tintas, en la progresividad de la "burguesía nacional " y en el
populismo. En definitiva, un nueva cultura y un ejemplo de otra
manera de vivir, donde queda abolido para siempre el doble discurso y
la doble moral. La estrella del Che Guevara, por sobre el mito y la
leyenda, vuelve para quedarse.
* El autor es coordinador de la Cátedra Che Guevara-Colectivo Amauta:
amautalahine.org y autor del libro "Ernesto Che Guevara: el sujeto y
el poder ". BS. AS. , Nuestra América, 2005. docente e investigador de la
UBA.