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Falleció José Domingo Ramos Albornoz
Coronel antigolpista
En la madrugada del sábado 28 de junio ha fallecido el Coronel José Domingo Ramos Albornoz. Muchos seguramente han sabido de él porque su paso por la historia de Chile ha sido destacado desde las características de honor y amor a su pais. Sus restos fueron velados en la Iglesia San Ignacio y sepultados en el Parque del Recuerdo.
Por: Remis Ramos Belmar
Hace un tiempo Sergio Piña hizo un pequeño homenaje a un prócer nacional y muy anónimo, del cual orgullosamente soy su sobrino: José Domingo Ramos Albornoz, ex coronel del Estado Mayor del Comando de Institutos Militares a la época del golpe, amigo personal de Carlos Prats y Guillermo Pickering.
Por qué digo es un héroe: porque fue el único militar de alto rango en servicio activo que renunció al ejército a las 8 de la mañana el día 11 de Septiembre del 73. Fue el único que le dijo no a Pinochet, argumentando que el golpe implicaba romper un juramento solemne de los soldados, cual es respetar la constitución y las leyes y también quebrar el sentido profesional de las fuerzas armadas. Su ejemplo no fue seguido por ningún militar de alto rango, excepto por algunos que fueron llamados a retiro posteriormente, uno de ellos asesinado en el hospital militar (el general Cantuarias).
En un párrafo de su libro "El piloto Wenche y otros relatos" (libro autoeditado, 2001) reflexiona, "cavilando acerca de la corrupción que suele acompañar al poder. ¿por qué sentí tan profundamente las lecciones del coronel Arnaldo Carrasco y de la pléyade de maestros que rodearon su mandato en la estructura de aquel alcázar de la calle Blanco Encalada, donde nos educara el general Schneider, los tenientes y capitanes del Alpatacal?, ¿Sería acaso yo el único que entendió que el honor, la lealtad, la patria, son atributos sublimes del alma humana que se juega por la justicia, el buen trato en la puesta en práctica del arte de mandar del capitán Gavet y de todos los intérpretes de la tradición militar en el Ejército de Chile? ¿Qué explicación dará la historia militar de ese período de atentados en una guerra concebida y llevada adelante como una revolución, para pasar de una Constitución a otra que no termina de interpretar los mejores conceptos de la democracia y de la seguridad?" (pág 154).
Esta es sin duda una interrogante que muchos podrán hacerse y que obtendrán distintas respuestas según sea su orientación ideológica. Pero lo concreto es que aquellos que rompieron ese juramento quedarán consignados en la historia como traidores a la patria, no tan solo por haber roto un juramento sagrado, sino porque se ensañaron con los hijos más ilustres de la patria, con su pueblo, sus mujeres, sus niños y sus trabajadores.
Es por ello, que en este día fatídico me doy en rendir un homenaje a este héroe que supo enfrentar valientemente el odio y la cobardía siendo el único en dar testimonio de lo poderoso que es el honor ante todo evento, incluso arriesgando su vida. No lo mataron porque finalmente les fallaron las tentativas de hacerlo. Todos sus compañeros de armas le dieron la espalda y firmaron con sangre ajena su traición. Seguro aún tiemblan Washington Carrasco y Guillermo Toro Dávila y su hermano Agustín ante el solo nombre del coronel Ramos, a quienes en varias oportunides enrostró su vergonzosa actuación al mando de las guarniciones de Concepción y Chillán, respectivamente en esos años.
En la actualidad el poder se ha olvidado de José Domingo Ramos Albornoz, no quieren recordarlo. Ni siquiera la presidenta Bachelet, quien lo conoce claramente y sabe de su ejemplo, ha dado ni un paso en rescatarlo del olvido. Por mi parte tengo la convicción que no lo harán, pues el Ejército de Chile aún no ha levantado la voz para reconocer las atrocidades cometidas, ni ha hecho esfuerzo alguno para enmendar lo realizado, no ha tenido ni una palabra decente para resolver la situaciones de cientos de desaparecidos ni tampoco lo hará, pues están manchados en su historia. El Ejército y las fuerzas armadas del golpe siguen siendo las mismas, nada muestra arrepentimiento en sus acciones y en sus decires.
Con José Domingo Ramos, hoy viejo y enfermo, pero con la frente muy en alto y con el orgullo de saberse sin mácula, se nos escapa de entre los dedos la posibilidad de retomar el sentido del honor y el amor a este pueblo que se llama Chile. Su ejemplo no ha servido a nadie, su valentía es olvidada, su gesto minimizado porque los que hicieron todo aquello aún permanecen en las filas de estas nefastas fuerzas armadas chilenas, vergüenza nacional.
En un día igual a hoy, en el año 1973 hubo una luz que se apaga sin guiar ningún barco. Al menos yo conozco su historia y se las cuento, mis amigos.
11 de septiembre de 2007
Crónica de los funerales...
Efectivamente, ayer ninguna autoridad nacional, ni ejecutiva ni legislativa, ni siquiera partidaria, estuvo presente en el funeral de José Antonio Domingo Ramos Albornoz. Ni siquiera aquellos que hoy, senadores y diputados, fueron literalmente salvados de la garra de la Dina por gestiones de este Coronel, que aún a riesgo de su propia vida, los protegió haciendo valer el respeto que tenía entre sus pares para poder rescatarlos, tampoco estuvieron presentes en su despedida.
Paradojalmente y contra toda expectativa, estuvo presente el Éjército de Chile, que le rindió honores de acuerdo a su alta investidura, como Oficial de Estado Mayor, que cubrió su féretro con la bandera nacional y se presentó con una banda de guerra de la Escuela Militar, sus estandartes, un piquete que disparó salvas en su honor y un solemne discurso oficial leído por el Coronel Felipe Olguín, quien manifestó estar conmovido por aquella figura que al parecer no conocía y que le impactó profundamente, según expresó en una corta conversación.
Reproducir lo que dijo Manuel Guerrero: "Él forma parte del Ejército que espero Chile tenga para mis pequeñas hijas".
MUERTE DE UN CORONEL CONSTITUCIONALISTA
Por: José Galiano
29 de junio de 2008
Uno de los últimos altos oficiales constitucionalistas del Ejército de Chile ha fallecido. Se trata del Coronel de la rama de artillería del ejército, Oficial de Estado Mayor, José Domingo Ramos Albornoz. El coronel Ramos era Jefe de Estado Mayor del Comando de Institutos Militares, cuando el 11 de septiembre de 1973 renunció al ejército como protesta al golpe militar. Había servido por más de 30 años en la institución y su acto se inscribe como la protesta del oficial de más alta jerarquía que se mantuvo fiel a su juramento y a la doctrina Schneider. Tras su retiro escribió obras literarias y artículos de prensa sobre temas de estrategia y ciencias políticas. Muy recientemente había puesto fin a un manuscrito de su último libro y había confiado a su amigo, el abogado de DDHH, José Galiano, el prólogo a su última obra. Fortín Mapocho ofrece como primicia a sus lectores el prólogo redactado por Galiano.
El ensayo de mi querido amigo, José Domingo Ramos, es un estudio sobre la convivencia. Sus reflexiones nos ayudan a comprender los fundamentos naturales del instinto gregario que nos une; y de la infinita diversidad, que nos impone el deber de tolerarnos. Porque fue precisamente la crisis intelectual y anímica, sobre la inexorable coherencia de esas dos realidades humanas, la causa determinante del caos moral y jurídico más grave que sacudió nuestra historia, entre 1973 y 1990.
En este su tercer libro, el Coronel Ramos, en que trata de explicarse los móviles; tan insensatos como antisociales; que indujeron a tantos compañeros del Ejército, de la Armada y de la Fuerza Aérea, a agredir a su pueblo, con las mismas armas que ese Pueblo les había confiado. Este fenómeno social, en que se adultera el sentido y los valores de las instituciones históricas, ha ocurrido muchas veces y en muchas partes del mundo. Pero Chile, jamás había sido escenario de la barbarie con que se desencadenó en 1970; asesinando al Comandante en Jefe del Ejército; ni el ensañamiento despótico, con que se consolidó durante 17 años.
Sin embargo, lo más trascendente y por cierto lo más valioso de este libro, radica en que su autor no se limita a desentrañar las causas de la tragedia chilena, ni a condenar –sin debilidades ni atenuantes- la premeditación y la alevosía de quienes desencadenaron la masacre. Por el contrario, como expresión de su invariable rectitud; y bajo el concepto axiológico de “Etica Militar” –que se nos inculcó desde cadetes- nos recuerda los principios en que se sustenta la existencia de las Instituciones de la Defensa Nacional, la exacta interpretación de los valores, contenidos en el Deber Militar para cada uno de sus miembros; y su inexcusable coherencia con el derecho universal a la “Autodeterminación de los Pueblos”.Ese derecho, consagrado en los artículos primero de cada uno de los dos Pactos Internacionales de Derechos Humanos; el de Derechos Civiles y Políticos y el de Derechos Económicos, Sociales y Culturales; que fueron acordados el 16 de Diciembre de 1967 por todos los Estados del Planeta; y que Chile había suscrito y ratificado, mucho antes del oprobioso episodio del 11 de Septiembre de 1973.
Pero no estaría completa la expresión del sentimiento solidario, grato y de positiva esperanza hacia el rescate de nuestros valores históricos, que me inspira esta nueva reflexión social de mi amigo Ramos; si no destacara el ascendiente moral de su autor, para analizar sin ambages, el episodio culminante del alzamiento militar con que se inició la tragedia.
Convocados por su Jefe y reunidos en pleno los Oficiales del Estado Mayor del Ejército, a las 7 de la mañana del 11 de Septiembre, para formalizar como Orden de Comando, la “Rebelión Armada”; el Coronel Ramos se dirigió a su Jefe con voz alta y tan clara como la serena convicción de sus principios, en los siguientes términos:
“Mi General: hace 30 años, ante la Bandera de mi Patria, juré respetar la Constitución y las Leyes de la República;
nadie tiene autoridad para ordenarme que traicione mi juramento.”
Luego, ante la expectante rectitud de los oficiales y algunas incoherentes expresiones de su Jefe; el Coronel Ramos abandonó la reunión, se vistió de civil y en un ordenado paquete dejó su uniforme en la oficina de su General.
La guerra contra el pueblo, que desencadenó el Dictador y los políticos fascistas que la prepararon e indujeron, cobró también más de doscientas víctimas entre los miembros de las Fuerzas Armadas. Cuatro Generales asesinados; más de cincuenta Oficiales, sub-oficiales y tropa eliminados bajo los más diversos procedimientos; y sobre cien militares, marinos y aviadores destituidos, exiliados o simplemente desaparecidos. Nadie habla de estos casos; en una sociedad que los dueños del dinero y los eternos arribistas, ocultaron bajo la sombra de la timidez y la ignorancia. Sería pedirle demasiado, - a quienes pudieren hacerlo - que divulgaran el caso más emblemático de dignidad humana que representó el Coronel en Servicio Activo en esa aciaga fecha 11 de Septiembre, mi querido amigo José Domingo Ramos Albornoz.