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LA MINISTRA PERVERSA, MARIA MUSICA Y EL H2O
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Un merecido y reconfortante ------------ Represión al movimiento-------------------Iván Núñez (TVN)-----
------------vaso de agua -------------------------------------estudiantil--------------------------------------el Lamebotas---------
Por: Dauno Tótoro Taulis
Publicado en: el ciudadano - 15 de julio de 2008
María Música, estudiante chilena de 14 años de edad, lanzó agua al rostro a la Ministra de Educación Mónica Jiménez cuando la Secretaria de Estado había dado unilateralmente por finalizado un “encuentro participativo en educación”.
La niña intentó, antes del hecho, buscar explicaciones (de boca de la Ministra) al por qué cuando ella y sus pares y profesores salen a las calles de las ciudades de Chile para demandar una ley de educación que signifique que en el futuro cercano y lejano nuestros compatriotas sean seres humanos y no alienígenas descerebrados, el Estado responda no con argumentos sino con bombas lacrimógenas, aguas urticantes, golpes de palo en las cabezas y patadas de energúmenos contra niños, niñas y maestros de escuela.
La Ministra que presidía el eufemístico “encuentro participativo” no contestó. Sus guardaespaldas suspendieron la cita. Lo de la niña, abrumada por el silencio y la indiferencia a modo de única y bastarda respuesta, es un argumento. Simbólico, pero tremendo argumento. “Era como hablarle a la pared”, dijo María Música horas más tarde al explicar su acción.
La Presidenta de Chile destacó el hecho como un “acto antidemocrático”. El vocero del Gobierno y otras autoridades describieron el suceso como “magnífica demostración de la incapacidad de diálogo de los estudiantes de Chile”. Otras personalidades públicas sugirieron de inmediato la expulsión de la alumna de su escuela, el traslado del caso a tribunales de justicia. La quieren castigar. Uno que otro estará pensando en colgarla del palo mayor o en lanzarla cerro abajo, para escarmiento y ejemplo. Antes abusaron de ella (ha estado cuatro veces detenida y ha quedado registro de sus hematomas en brazos y piernas) como han abusado de sus adolescentes pares con el guanaco, el zorrillo, la luma, el bototo, el silencio, la indiferencia, la sorna… pero, por encima de todo, con la tonta y vana convicción de que por ser chicos son nada y que están solos. Somos todos chicos y estamos todos solos.
Tengo una hija de la misma edad que la estudiante del jarro de agua, y un hijo de quince años. Hay otra de dos años que aún no ha sido bautizada por el lanza aguas. Sería el colmo. El de 15 ha llegado a casa mojado y asustado luego de cada manifestación pingüina. Y al día siguiente parte otra vez. Claro, cada vez que va, en casa quedamos con los dientes apretados. Debe ser porque algunos padres de mi generación tenemos experiencia respecto de lo que se arriesga.
De eso quiero hablar: conocí a la Ministra Jiménez. Sé de lo que estoy hablando.
Mucho antes de que la niña del jarro de agua naciera, en aquel ahora lejano 1986, fui expulsado de la Universidad Católica de Chile por participar activamente en el movimiento estudiantil que se agitaba en busca de democratizar la Universidad y el país. A sólo un semestre de terminar mi carrera, el Consejo de Rectores, por recomendación del por entonces mandamás de la PUC, Juan de Dios Vial Correa, decretó mi alejamiento de las aulas universitarias… las de la PUC y las de cualquier otra universidad del país… para siempre.
Se armó tremendo escándalo pues este “peligro para la convivencia académica” era dirigente de la FEUC, Consejero Estudiantil en el Consejo Superior de la Universidad y Presidente del Centro de Alumnos de su carrera.
Fue entonces que entró al baile la señora Mónica Jiménez, en aquella época Presidenta de la Asociación de Académicos de la PUC y miembro del Consejo Superior de esa casa de estudios, sitio en el que coincidía regularmente conmigo, para su desgracia y la de las demás autoridades pontificias.
Haciendo demostración de su “espíritu democrático y profundas convicciones católicas”, propuso al rector solucionar el entuerto mediante el diálogo. Fui citado a la oficina de Vial Correa, donde Mónica Jiménez, nuestra actual Ministra de Educación, me brindó una clase magistral de conceptos democráticos y del significado profundo del arrepentimiento cristiano. Dijo la señora Jiménez que le recordaba enormemente a su padre cuando éste tenía mi edad, “igual de vehemente, de apasionado, de arriesgado en la defensa de sus erróneos principios políticos –su padre, me explicó ella, era militante de la ultraderecha de sus días”. Luego se extendió en una larga arenga en torno a un único concepto: a la Universidad se va a estudiar, no a hacer política. Para rematar, me hizo la propuesta que había convenido con el rector: que firmara un documento que habían preparado para tales efectos, mediante el cuál me comprometía a renunciar a mis convicciones políticas de izquierda; a renunciar a mis responsabilidades como dirigente estudiantil; a declarar públicamente ante la comunidad universitaria que me había equivocado al suponer que los recintos universitarios eran un campo de batalla más en la lucha contra la dictadura. “Firma este documento”, me sugirió, “y de inmediato la sentencia de expulsión quedará sin efecto”.
Soborno, incitación a la traición, cohecho, amedrentamiento. Esos son los principios profundamente democráticos que barajaba la señora Jiménez, la misma que hoy se reúne con los estudiantes secundarios y los profesores en jornadas de “encuentros participativos en educación”. Aquella tarde de 1986 no encontré en esa oficina ningún jarro de agua a la mano. Sólo pude mirarla con lástima y desprecio, lanzarle una carcajada al rostro y salir de ahí con un portazo, cerrando para siempre cualquier posibilidad de convertirme en un profesional universitario, pero más convencido que nunca de todos aquellos principios de los que la señora Jiménez me intentó hacer abjurar.
María Música, por mí y por todos mis compañeros.
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La Música del jarro de agua
Tito Tricot
15 de julio de 2008
Cuando con toda la ternura de su furia, Música arrojó un jarro de agua a la ministra de educación, un coro de luciérnagas refulgió en el centro de su dignidad. Y esa tormenta de cristales iluminó para siempre la sofocante oscuridad de un gobierno que no escucha a nadie y que ha transformado la esperanza de la democracia en una carcaza vacía. Que había que llenar con agua clara para horadar la conciencia de un estado represor, ciego y sordo a la demanda social. Así lo pensó y así lo hizo la estudiante del liceo Darío Salas que con un simple gesto logró irisar de profunda nobleza aquella insoportable mañana en que una vez más la ministra hablaba sin escuchar y escuchaba sin oír desde el alcázar del poder. Porque la democracia que tenemos no es ni democracia ni la tenemos, porque el gobierno ciudadano fue una efímera ilusión para algunos, también ilusos, que creyeron en él; porque las prácticas dictatoriales aún subsisten, porque – digamos las cosas por su nombre – a los dueños del país no les gusta que les digan las cosas por su nombre: que aquí poco ha cambiado, que persisten la pobreza y la exclusión, que los ricos son cada vez más ricos, que una salud y educación de calidad son inalcanzables para la inmensa mayoría; que medio Chile está endeudado, es decir son pobres a corto plazo, mientras los ricos lo son a largo plazo. Porque eso es este país del fin del mundo que limita al norte con la incertidumbre de no saber como pagar las cuentas cada mes, y al sur con la represión por tratar de reclamar por aquella asfixiante incertidumbre.
Entonces, cuando con toda la ternura de su furia, Música arrojó un jarro de agua a la ministra de educación, todas las bandurrias del sur detuvieron su vuelo inclinando sus alas ante el coraje de aquella aparentemente frágil niña que en un instante cambió las complacientes sonrisas del poder por una inusitada cólera que convirtió a Música en el enemigo interno de la época de la dictadura militar y en la encarnación de Satanás. Para el senador democratacristiano, Eduardo Frei, lo acaecido simboliza la pérdida de respeto, afirmando que se estaría entrando en "un espiral de descalificaciones que sólo pueden llevar al caos y a la anarquía" ¿No es lo mismo que argumentaba su padre cuando dirigía la oposición al gobierno de la Unidad Popular y que, por cierto, culminó con el derrocamiento de Salvador Allende?
El derechista alcalde de Santiago, Raúl Alcaíno, pidió la expulsión inmediata de la alumna de su colegio y, por supuesto, Carabineros interpuso una denuncia ante el Juzgado de Familia por atentado contra la autoridad. Y una de esas autoridades, el ministro secretario general de gobierno, Francisco Vidal, iracundo expresó que "no es tolerable ni vamos a tolerar que la respuesta, en vez de ser un argumento, sea un jarro de agua. Eso no es para Chile" rubricando sin vergüenza alguna lo señalado sosteniendo que "tú puedes enfrentarte con una persona que opina distinto a ti, pero con argumentos, con conversación, con fundamento, no con una agresión". Sin vergüenza alguna, pues son miles los estudiantes que cada vez que salen a la calle a manifestar su sentir y sus demandas no se enfrentan a las idílicas conversaciones que parecen existir sólo en la fértil mente del ministro, sino que a la violencia policial, a los carros lanzaguas, a las bombas lacrimógenas y a los golpes y detenciones masivas. Son los jóvenes de Chile reprimidos por tener la osadía, la valentía y la inteligencia para organizarse y bregar por sus derechos. Porque en esta democracia nuestra de cada día la mayoría son humanos sin derechos que, además, por el peso de la noche, de las deudas, de la precariedad laboral, del temor a quedarse sin trabajo, han caído en una peligrosa pasividad que tiende a aceptar los abusos del alza de precios, de los planes de salud, del combustible, de los alimentos, de la represión policial, sin reclamar.
Entonces, cuando con toda la ternura de su furia, Música arrojó un jarro de agua a la ministra de educación, fue una pequeña tormenta de estrellas azules que remeció el alma dormida de muchos y dibujó una sonrisa solidaria en los rostros de hombres y mujeres que, a pesar de todo, se niegan a ser meros sobrevivientes en un país donde la felicidad es sólo para quienes pueden comprarla.
Tito Tricot
Sociólogo,
Director
Centro de Estudios Interculturales ILWEN -
Chile
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En defensa de María Música Sepúlveda
El Ciudadano
No debiese estar escribiendo otro texto más en defensa de María Música, por la sencilla razón de que la acción se justifica por sí misma. Pero hay gente que insiste e insiste en repudiar la gran hazaña, con su mirada llena de bríos de superioridad e indignación victoriana. Estos lloros y paños rasgados frente al medio litro de agua que la Ministra recibió en el rostro (a todo esto la vieja ni se despeinó) me recuerdan mucho a las viejas histéricas y tarados engolados que se lanzaban contra el carruaje del arzobispo Valdivieso para evitar su auto-exilio en medio del fragor de la cuestión del sacristán. La Ministra de educación, convertida en una adalid de la etiqueta de la moral y las buenas costumbres, de la etiqueta más básica e inseparable de nuestra cristiana y retrógrada sociedad.
En el fondo es la misma histeria que nos hace llorar por Bernales. Un paco represor, sobre el cual recaen sospechas bastante fundadas de haber sido torturador en la dictadura militar, es elevado a la categoría de santo por haber muerto estrellado mientras estaba en panamá visitando la Escuela de las Américas (centro de entrenamiento de la CIA para comandos fascistas, por si no leen historia, o mejor dicho un buen libro de historia) Ese mismo conservadurismo rancio, a fuerza de días y días de cantar la canción nacional en las escuelas, de quedar con el tímpano cuadrado de tanta Lily Marleen, es el que defiende a la Ministra; no importa cuán conchadesumadre haya sido, la niña es una desubicada y merece la sanción más dura. Si se fijan bien, ni el código de Hammurabi hubiese sido más duro con ella; simplemente le habrían mandado otro jarrazo de vuelta.
EN EL PLANO DE LAS METAFORAS
Lo que ocurrió con María Música es lo siguiente. Un grupo de siniestros burócratas, más de doscientos, se dan vuelta por una sala blanca en circulos. Tú sentado al medio. Estas doscientas personas te comienzan a escupir, pegar paipazos, pisar e insultar todos los días de tu vida. A los once años te comienzas a quejar de que te duelen los golpes. Te siguien golpeando. Pides por favor, pero a gritos, que te dejen de pegar. Te agarran a palos. Y se acerca la ministra. “¿Cómo quiere que la sigamos golpeando? ¿Con palos con clavos o con tornillos oxidados?” y le tiras el jarro de agua.
Y es entonces que las doscientas personas salen escandalizadas a la calle gritando “violencia, violencia” y obligan a las demás gentes a seguirles en el coro. Tal como el gran Hermano, desde todos los medios de comunicación, gritando: “Violencia, violencia, como puede ser que se ejerza la violencia”. Claro, no es hoy la cara del gran hermano; es Iván Núñez, es Mauricio Hoffmann, es Felipe Viel, es Mauricio Israel y Mauricio Bustamante. Es ese muñeco de trapo que lee en telepromter un supuesto texto de periodismo analítico que no es más que una columna de opinión, un juicio de valor firmado por el mismísimo Tulio Triviño, pero cuya verdadera autoría corresponde al comité editorial militante del MUNA. Es así como nuestro “gran hermano” (el mainstream massmedia y el conservadurismo militante) llega hasta facebook a declarar todo su repudio por la insolencia de esta chiquilla malcriada poshom, y el mismo gran hermano hace notar su tremendo tamaño; 524 personas. Bueno, en todo caso, el grupo de fanáticos del general (Pinochet) también es grande, y suelo eliminar a todo aquel que se inscribe en ése grupo.
REIVINDICACIONES POLITICAS
A lo que quiero llegar es que, separado el hecho de que quienes repudian argumentan de que María Música es una especie de poquemona rebelde desinformada inculta y traviesa que no tiene idea de como es el mundo, coronado esto por el “anda a estudiar chiquilla grosera” (y como va a estudiar, si la echaron), María Música debió realizar este acto con profundo convencimiento. Lo sé por su cara. Uno conoce la cara del adolescente dubitativo que se le ocurre a última hora una travesura. No. Esto estaba calculado fríamente.
Y volvemos al gran hermano que insiste en María Música como una atorrante que no tiene idea del mundo, que no tiene idea de porqué protesta. El ninguneo en base a los oídos de pescado. Llevamos años explicando hasta el cansancio nuestras demandas y propuestas, y si no lo hacemos es por que ya estamos cansados de tener que repetir una y otra vez las mismas frases a nuestra porfiada y ñurda audiencia que olvida de inmediato nuestras demandas, debido a que prestan más atención a los hechos del mundo de las lentejuelas o a las desventuras de nuestros ricos y famosos, aunque eso implique, por cierto, olvidarse de sí.
Es por eso que debo hacer presente lo mismo que María Música ha hecho presente tras su jarrazo, e inclusive enunciado por ella misma; hay persecución política en nuestro país, tal como en dictadura. Hay una serie de montajes hechos por la policía contra dirigentes estudiantiles para incriminarlos y acusarlos por causas civiles; hay hostigamiento en sus colegios, les hacen imposible la vida sólo por pensar en política. La ministra encontraba inaceptable el activismo político de María Música desde temprana edad, diciendo. “ayer por las ballenas, hoy por la educación, mañana por los mapuches… eso no puede ser” He ahí la Doctrina de Seguridad Nacional presente, aquella que demoniza la actividad política más pura.
En un país en que se encarcela a los documentalistas, donde los derechos humanos son violados flagrantemente y el régimen de apartheid es evidente —apartheid entendido como la discriminacion y segregacion a un grupo de la sociedad, como los estudiantes y mapuches —debo decir que la Presidenta tiene bastantes méritos para ser formalizada ante el Tribunal Penal Internacional. Por supuesto que esto no es posible, pues Chile no firmó el estatuto de Roma, y no se puede hacer nada. Lo que los medios, lo que el gran hermano no informa es que los extranjeros están perfectamente conscientes de las violaciones a los derechos humanos que se cometen en este país; es cosa de ver un poco más los noticieros de televisión española para darse cuenta. Por eso que Elena, una amiga española, madre de dos hijos que están por dar la selectividad, aplaudía el gesto de María Música; la justificaba en la medida de que su acto era una revindicación contra la represión política que se vive en nuestro país. He ahí el gran simbolismo; medio litro de agua limpia contra los millones de litros de agua sucia, contaminada y llena de químicos que podrían causar cáncer que han sido vertidos en contra de aquellos que hacemos verdadera política, no aquella parafernalia inocua que se genera en pasillos de edificios tétricos donde se cierra el último negociado.
Recuerden que son estos mismos políticos que lloran tanto por el agua derramada, los que eligen a OOXML como estándar de ofimática, venden nuestros datos privados a la Microsoft y derrochan grandes cantidades de dinero en proyectos informáticos de M$ deficientes y obsoletos.
No es contra la Concertación que escribo. O quizás sí; siempre y cuando se tenga entendido, y con letras muy grandes, que gran culpable aquí es la Derecha, que complacida se dedica a sabotear la educación pública de Chile, exigiendo jornadas laborales indignas para los profesores, ahorcándolos, haciéndoles sentir miseria. No es normal que un profesor deba complementar su sueldo vendiendo perros en una feria; no es normal que un profesor se quede sin voz a los 45 años; eso ocurre en Chile, el alumno tratado como un cliente no verá a su profesor como el maestro, a su profesora como Gabriela Mistral; simplemente la verá como el cajero del supermercado, como el guardia de seguridad. Y todo por trescientas lucas. Considérese a eso la planificación, la reunión de apoderados y el tiempo de corrección de pruebas que por cierto no es pagado. Añadele a eso que en aras de la evaluación docente deben, cada cuatro años, realizar una tesis de grado. Por trescientas lucas. Con cuarenticinco cabros en una sala. Vendiendo perros, seguros y jubilaciones para pasar el mes. Y así y todo, hay gente que repudia el jarro de agua.
Si al menos me convenciera de que con estas lineas convenzo a alguien y se sale de aquel infame grupo y al menos se pone una mano en el corazón con nuestra causa, la de recontruir el legado de Pedro Aguirre Cerda, Salvador Allende, Frei Montalva, y por qué no, también, Barros Arana, Victorio Pescio, o aún todavía; la tercera junta de gobierno de 1812; por que la destrucción de la Educación chilena realizada en aras del liberalismo económico nos dejó en la misma situación de oscurantismo de antes de la independencia chilena.
VIOLENCIA
Lo coloco explicítamente, por si alguno no leyó entre líneas. No hubo violencia en el acto del jarrazo. Violento hubiese sido si le pegase con el jarro mismo, o si en vez de un litro y medio hubiese sido 20 000 litros por segundo. He ahí la verdadera violencia. El agua fue un poco de frío y nada más. De lo contrario, las huelgas de hambre de Gandhi también fueron violencia pura; su llamado a no comer sal inglesa un llamado a la subversión. Los hippies que quemaban sus cartillas de reclutamiento también son violentos. Las mujeres que se rebelaban contra la segregación y abogaban por sus derechos civiles; uf, por favor, qué violencia, Dios mío.
Tengan más cuidado cuando el Gran Hermano les coloque una idea en mente. No todo es lo que lleva por nombre. Esta libertad económica de la que hablan, es en realidad la esclavitud de unos pocos en nombre de la libertad.
LANZAR JARROS ES PROPIO DE CRONOPIOS
Finalmente, este tema me recuerda necesariamente a las historias de Cronopios y de famas. Estoy seguro que si Julio Cortázar estuviese vivo, le hubiese tirado un pastel en la cara a la Ministra, tal como lo hizo transfigurado en Un tal Lucas con una amiga. O sencillamente, puestos en el plano de los Cronopios, este conflicto se parece mucho al que tuvieron los Cronopios por brindarle otros usos a las mangueras, o por cambiar todas las comunicaciones radiales al rumano, siempre con penas de muerte para los felices Cronopios. Es que las famas no comprenden, como tanta insolencia, como. Y siguen bebiendo su té.
Li Chong