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Lumi Videla Moya (21.09.74)

Sergio Pérez Molina (22.09.74)

Testimonio de un compañero:

A Lumi la conocí una tarde en que discutíamos sobre la mejor manera de construir una base desde donde impulsar las luchas en Barrancas y el Cordón Cerrillos. Fue cuando esa conversación celebrada un verano en la casa de los Videla de calle Tocornal, se iluminó con la presencia de una mujer de ojos expresivos que llevaba su cabello tomado en una trenza gruesa, quien irrumpió dando de mamar a un niño: «los escuché y no pude dejar de intervenir», dijo desde la puerta, y mientras el infante se alimentaba ajeno a los planteamientos que nos haría su progenitor a, ésta nos reencauzó la discusión con tres o cuatro ideas que no se podían refutar.

Esa mujer que iluminaba, tenía en paradoja por nom­ bre el de Lumi, y yo ya había escuchado sobre ella. Era la misma que un día, mientras su compañero per­manecía prisionero tras una acción de propaganda armada, tomó el tren al sur y se fue bajando estación por estación, y en cada pueblo que visitó, sembró una semilla para el partido. Esa era ella, Lumi, «La Negra», mujer carismática, madre de un niño, com­pañera del Pérez, alumna del Pedagógico, militante del MIR. Desafortunadamente, era también la mis­ma que, años más tarde, la dictadura ejecutaría e iría a arrojar a la Embajada de Italia para hacer un escarmiento.

Años después, en un verano, cuando la represión pa ­ recía aflojar pero a cada cierto tiempo nos lanzaba sus zarpazos, logramos escapamos con los niños a una playa que bien pudo ser Maitencillo o Los Molles ; y; en una de esas tardes, después del baño, mis hijos volvieron a tomar once con un muchacho con quien habían estado escalando rocas. Adiviné en la mirada de ese niño al muchacho que no veranea con sus padres, sino con una abuela o una tía, o algún parien­te de ésos que asumen de padres o de hermanos en gestos que a los que nos faltaron padres valoramos para siempre; algo que se nota, porque esos niños parecen más rebeldes, más tristes. Todo eso adiviné en su mirada, y adiviné también una secreta tragedia que yo no tenía derecho a recordarle. Pese a eso, después del segundo pan con huevo, quise saber su nombre, ya que mis hijos sólo se referían a él como «el chico». Nos contó entonces que se llamaba «Dago», no Dagoberto, sino Dago, sólo Dago. «Soy el chico Dago», sólo eso, nada más nos dijo; sin em­bargo me bastó mirarlo para adivinar en sus ojos sus apellidos, y él no tuvo necesidad de decirlos. Antes de eso nos abrazamos y lloramos, lloró él, lloró mi mujer, lloré yo mismo, lloraron mis hijos. Todos llora­mos y reímos. Nadie sabía sus apellidos, pero todos sabíamos por qué llorábamos y por qué reíamos.

Según una colaboradora de la DINA, Lumi adivinó que iban a asesinarla, por eso le regaló su chaqueta y repartió el resto de su ropa entre las otras prisioneras. Así ocurrió en efecto, el 3 de noviembre se vio viva a Lumi por última vez. Según la autopsia, murió por asfixia producto de obstrucción de la boca y la nariz. Cuando su cadáver apareció en la embajada de Italia, la prensa informó que habría sido víctima de los asilados que se encontraban ahí en medio de una orgía. La embajada desmintió que Lumi Videla estuviera asilada en el recinto. Su compañero Sergio Pérez, desapareció también de José Domingo Cañas. Años después, el hijo de ambos, Dago, se hizo conocido por su combatividad durante las jornadas protesta contra la dictadura. Hoy es un destacado músico y poeta.

El "Chico Pérez", marido de Lumi, fue un importante cuadro político y militar del MIR. Lo detiene la DINA ante el médico Humberto Sotomayor Solís y su esposa Jarra Luz García, que lo acompañaban. El día anterior habían arrestado a su esposa, acción en que había participado Marcia Merino, ex mirista colaboradora de la DINA.

Tanto Sergio Pérez como Lumi, fueron llevados al recinto de José Domingo Cañas donde se les torturó brutalmente. Rosalía Martínez, testigo, lo relata así en su declaración: "en una de las salas de Interrogatorio, distinta a la de los otros detenidos, tenían a Sergio Pérez Molina, llamado también, el chico Pérez". "Unos dos o tres días después de mi detención, los jefes del recinto nos reunieron junto a mi marido Julio Laks Feller, Lumi Videla y Sergio Pérez, más dos agentes de la DINA, el "Abuelo" o el "Mayor" y otro. Necesitaban el nombre del enlace con Miguel Enríquez. Nos señalaron que debíamos salvar la vida del "Chico Pérez", quien según ellos "se moría". A cambio de la información, prometían dispensar atención médica al chico y salvarlo. Al día siguiente el chico fue literalmente lanzado a la pieza de los detenidos, y permaneció con nosotros -incluyendo a su mujer Lumi Videla- quejándose de un balazo en una pierna que no le habían atendido y de una úlcera reventada que lo obligaba a vomitar sangre. Pero duró poco con nosotros, se lo llevaron para seguirlo torturando. Sus gritos se escuchaban en toda la casa, hasta que en vez de éstos se escucharon carreras por la casa y gritos de agentes pidiendo un médico. Lumi Videla pidió permiso para ir a despedirse de él, la sacaron por un breve rato y la trajeron de vuelta mientras claramente se escuchaba el ruido de una especie de camilla que arrastraban. Ya no se escucharía más a Sergio". Un último testigo sabría finalmente de él en la clínica de la DINA de calle Santa Lucía, "un guardia me dijo que en esa misma cama -en la que yo estaba- había muerto "el Pérez".

La tía de Lumi nos da su testimonio:

"En la clandestinidad, Lumi y Sergio llevaron una vida frugal entre gente muy modesta. El día del cumpleaños de su hijo, prepararon chocolate en su casa con invitación a todos los niños vecinos. Llegamos con mi madre a ese lugar sorteando mil obstáculos, pero al final, allí estaban los niños sentados frente a grandes tazones y la calidez de Sergio para llenarlos mil veces con humeante chocolate. Fue una fiesta bella en la que se intercalaron momentos trágicos: terminadas las golosinas, mirando en lontananza, me contaron de lo que venía en su trabajo de resistencia, reconociendo los riesgos de tortura y muerte. Su petición fue "preocúpense del hijo". Nuestros contactos desde entonces fueron clandestinos para informarles del niño que vivía escondido con nosotros de la persecución de la DINA".


JUEZ PROCESA A CUPULA DE LA DINA POR HOMICIDIO CALIFICADO DE LUMI VIDELA

Magistrado procesó a más de una decena de ex integrantes del organismo represivo de la dictadura como autores de ocho secuestros y seis homicidios calificados perpetrados entre fines de 1974 y comienzos de 1975. Entre ellos, se encuentra el caso de la ex militante del MIR Lumi Videla, cuyo cuerpo fue arrojado sin vida al interior de la embajada italiana.
El Mostrador - 27 de febrero de 2006

RESOLUCION EN EL PROCESO DEL CASO DE LUMI VIDELA MOYA
Ministro de Fuero Alejandro Solís Muñoz,
27 de febrero de 2006
Texto completo de la Resolución

EL PECADO DE EL MERCURIO EN EL CRIMEN DE LUMI VIDELA
El Mercurio y La Segunda publicaron estas caricaturas con que en 1974 se burlaron del crimen. Un chiste de Lukas y otro de Fulano
La Nacion - 25 de marzo de 2006

CIERRAN INVESTIGACION POR CRIMENES DE LUMI VIDELA Y JACQUELINE BINFA
Tras dictar procesamientos contra los involucrados, el ministro Alejandro Solís dio por concluida la fase de sumario en ambos procesos y se apresta a dictar acusaciones
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El Mostrador - 29 de mayo de 2006

 

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