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Reseñas de la Memoria > Esas Voces que Nos Llegan del Pasado
Joutard Philippe: Esas Voces que Nos llegan del Pasado, FCE, Buenos Aires, 1999. Cap. III, IV y V.
Claudia Videla Sotomayor
Los capítulos analizados muestran el nacimiento de la Historia Oral o al menos su utilización masiva dentro de la disciplina histórica a partir de las primeras décadas del siglo XX. Esta utilización es vista por el autor desde tres perspectivas o países que impulsaron su creación: Estados Unidos, el conglomerado de países europeos y Francia. En los tres casos, el desarrollo de esta disciplina fue diferente y tuvo matices propios de cada realidad y aplicación a la que fue llevada.
Pero antes de comenzar con el desglose que el autor propone, es importante analizar qué implica la utilización de la entrevista y la trascripción en la elaboración de una memoria colectiva o a qué aspectos se ciñe esta Historia Oral respecto de la creación de fuentes históricas aplicables a realidades concretas o periodos precisos.
Sin duda, la historia oral es una parte integrante de la Historia, no se entiende por si sola, y menos aun es independiente a la hora de establecer criterios, pero al igual que la antropología, la sociología y otras disciplinas, puede constituirse como una herramienta más.
Pero qué es esta historia oral, ¿es una simple entrevista hecha en una cinta de audio y posteriormente trascrita? ¿es un cúmulo de legajos escritos que pueden ser utilizados para la interpretación de un hecho puntual?, o es más que eso ¿es una de las formas de plantearse a la memoria colectiva?.
Claramente, la entrevista pretende detectar hechos que pueden o no ser relevantes como constructos históricos de gran envergadura, al transcribirlos quedan manifestados y de alguna manera “legitimados”, pero también constituyen un tipo de memoria histórica; una memoria parcelada, privada si se quiere, la que al ser acumuladas y cotejadas con otras del mismo tipo, colaboran a rescatar una memoria colectiva amplia, atravesada por la identidad de los entrevistados y que constituye en sí misma una identidad propia. Aquí el testigo o el entrevistador es un agente que quiera o no, conduce el relato y que se hace partícipe de esta identidad aun cuando sea ajeno a su esfera de movimiento. Por lo tanto, a partir de una entrevista podemos ver de manifiesto un hecho puntual pero también una construcción más amplia que legitima al grupo o la persona que entrega el testimonio.
Este testimonio debe comprender que no se puede interpretar la realidad, por lo que el relato no debe quedar supraditado a un orden establecido previamente. Puede ser un análisis serial de las entrevistas pero no un argumento totalitario a la hora de clarificar un acontecimiento.
Casi siempre la historia oral está destinada a ser la “voz de los sin voz” o aquellos que por su categorización social no son considerados agentes gestores de historia, por lo mismo, la historia oral es biográfica (auto biográfica en algunos casos) y en cada experiencia de vida se plasman experiencias de hombres y mujeres comunes que guardan en emociones y expresiones todo un bagaje cultural despreciado por la historiografía tradicional.
Esta historia de “los olvidados” puede contener rasgos de acercamiento a la política y la economía pero sobre todo a los rasgos culturales, ya que la música, el folklore y las expresiones artísticas en general suelen ser consideradas una historia oral transmitida desde remotos pasados y que se instalan en el presente con la misma fuerza que los archivos judiciales o gubernamentales. Por eso es que incluir a la historia oral en la elaboración de una recuperación de la memoria es imprescindible, porque por una parte, las emociones (que son tan difícil de transcribir), lo privado y lo íntimo se ve reflejado en una historia que a gritos pide ser oída.
En este sentido, el autor plantea que la Historia Oral nace en Estados Unidos y de allí se propaga al resto de Norteamérica y Europa. Aclara que el aspecto más importante es el que dice relación a una vertiente periodística de la Historia. Para los académicos –porque aclara que la inquietud nació en las esferas académicas- el hecho de contar las experiencias sobre todo de los negros, era una manera de legitimar su existencia y que las entrevistas hechas por periodistas fue la primera aproximación.
Como vemos, este grupo marginal había estado acallado por la historiografía oficial, por lo que se hacía fundamental una nueva revisión a su historia, en la que se detallaran aspectos identitarios, así como asimilaciones a la cultura blanca. Obviamente este tipo de historia no nació y se reprodujo fácilmente, más bien su trabajo fue lento, tal vez dado que las posibilidades tecnológicas no eran suficientes, o tal vez porque los aspectos que trataban las entrevistas no eran del interés masivo en su época. Lo cierto es que a partir de la década de 1960, no sólo se masifica su utilización en Estados Unidos, si no que además, es exportable por ejemplo a Canadá, aunque con sus diferencias como por ejemplo que no está circunscrita al marco universitario.
Un punto relevante es que estas historias orales son ante todo biografías, pero biografías cercenadas por aspectos culturales, “desaparecieron a menudo las referencias a las relaciones sexuales entre blancos y negros” (p. 102). Este hecho puntual no es un asunto menor, ya que como decíamos si bien la intención es mostrar un tipo de cultura, ésta debía ser afín a los requerimientos establecidos por la historiografía. Qué más claro que el mestizaje blanco-negro en Estados Unidos, sin embargo este elemento capital no era considerado porque la historia no había avanzado en esta línea.
Otro lugar en que la Historia Oral ha sido manifestada es en Europa en que su accionar ha estado claramente fuera de los márgenes académicos historicistas, y se ha trasladado por ejemplo al sitial de la importancia del lenguaje y la cultura como accionar identitario. Estos elementos no han sido apartados de su ingerencia en ámbitos económicos (el relato acerca de la industrialización en el siglo XIX) a través del relato de los campesinos que fueron partícipes de este movimiento.
Además, en Europa la Historia Oral ha sido uno de los fundamentos para el rescate de la Memoria luego de la Segunda Guerra Mundial. Los relatos de los sobrevivientes del Holocausto y la guerra han generado interpretaciones que traspasan las historias de vida y se instalan como agentes gestores de memoria y no sólo eso, además posibilita una comprensión antropológica y sociológica de las circunstancias históricas.
El caso francés está ligado a la construcción de una historia local en que la importancia de la ruralidad se ha trabajado de mejor forma. Sin embargo, estos testimonios no han sido por sí solos un ejemplo de Historia, ha sido necesario crear el diálogo entre los teóricos tradicionales y los de la nueva Historia que ven en esta parte de la disciplina una manera de confrontar los documentos oficiales que no dan cuenta de la realidad en su conjunto. Es un arrancar de los archivos aquel pasado que quiere sobrevivir por sí solo y provocar la revisión de los acontecimientos para una mejor comprensión. El despegue de esta historia está dada en la década de 1970 cuando los sujetos populares que no saben o no pueden escribir finalmente son incluidos como sujetos activos dentro de la historia.
Estos sujetos han reencontrado en sus experiencias personales y colectivas una posibilidad de hacer memoria y de esta manera instalar su discurso sensible en el resto de la sociedad. Obviamente este reencuentro no es puramente la reconstrucción de aquellos elementos tangibles como espacios en común o situaciones específicas, si no más bien un reencuentro con sus raíces, con los elementos que los hacen indivisibles de su identidad. Como bien dice el autor la intención no es documental sino más bien una especie de exploración sentimental. Aquí radica el fundamento de la Historia Oral.
El relato por lo tanto es una fuente válida para analizar la Historia desde el espacio marginal, y popular. Tal vez un tipo de sujeto que siempre es proclive a este análisis es el de la mujer que históricamente ha jugado un rol silencioso, invisible, pero que mantiene en su recuerdo no sólo los acontecimientos violentos vividos desde el margen. También es capaz de imprimir emocionalidad al relato. Las historias de vida propias, de sus hijos y familiares en general son un aspecto poco explorado por la tradicionalidad pero que con este nuevo tipo de Historia se ve manifestado concretamente.
Finalmente, la posibilidad de establecer una historia oral libera de alguna manera al historiador de las bibliotecas y de los legajos archivisticos y lo instala justo en medio de la cotidianidad transformándolo en un vocero de estas experiencias, permitiéndole saber y aprehender del pasado aquellos elementos poco conocidos –o definitivamente desconocidos-. En el caso específico de la memoria violentada por acontecimientos traumáticos el testimonio oral (sonoro o trascrito) es una forma de liberar el duelo, de reflexionar acerca de ese mismo trauma. De enfrentar el miedo.
Un desafío importante a la hora de trabajar con el testimonio es no caer en la tentación de revivir el pasado sino de explicarlo a través de nuevos elementos. Esto se logra sólo con un juicio crítico de los hechos y no con una idealización de los mismos. Conociendo las limitaciones que este tipo de historia conlleva, pero siempre con la altura de miras de saber que es una de las pocas formas en que los marginados pueden acceder a la historia, la “otra historia”, la que habla desde la emoción, no desde los hechos fácticos.
Del texto en cuanto a su forma sólo agregaría que es demasiado extenso, tedioso por momentos. Sin embargo es una buena aproximación. Hay una enorme bibliografía suspendida en el texto, poco aprovechada por el autor a mi modo de ver, pero como este tema es nuevo en la historiografía me pareció que era oportuno para revisar otras aproximaciones acerca del tema. Tal vez menos páginas y menos detalles innecesarios y hubiera sido todo un placer. Veremos qué pasa con los siguientes artículos.
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